Qué viva la música

Qué viva la música

Abril 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Recientemente Umberto Valverde me preguntaba por qué no había regresado a la rumba, al lugar que fue templo un día, donde todo lo que se escuchaba era para el bailador.No tuve una respuesta adecuada en el momento, pero la encontré al leer su queja por el abuso que se comete hoy con quien va a escuchar y bailar, prisionero de los gustos particulares del programador musical. A veces este olvida que el público bailador es soberano, y decide someterlo a una cartilla ‘didáctica’ de ritmos que hacen parte de su propio placer, lavativas que va suministrando con distinto bitoque.La peor, quizá, tiene que ver con la famosa timba, un ritmo que pasará a la historia con dos o tres canciones de Van Van y NG La Banda. Se olvida a veces que Cali rinde tributo a la Salsa clásica, a la vieja, a la ortodoxa, y se quiere cambiar el guión con los manidos estribillos de “voy a publicar tu foto en la prensa”, o “eso te pone la cabeza mala…”.Como Valverde, me declaro aburrido de los timberos y su sonsonete y pido respeto en los sitios tradicionales para el bailador, donde ya en la programación, te inyectan cinco timbas, sin anestesia, y luego una salsita pobre, para el contentillo del que soñó que un viernes podía ser -vaya ilusión- una marejada feliz.Entonces, Umberto, la respuesta era compleja. Veo por qué se prefieren ahora los sitios en torno al Parque de Alameda; El Habanero, Son Caribe, y el Balcón Caldense, para la ‘Salsa Gorda’ y la vieja trova santiaguera. La nueva trova cubana, liderada, entre otros cantores por Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, revaloró el trabajo musical del Trío Matamoros, y lo incorporó a novedosos arreglos. Los fraseos, coros y versos de sus canciones, sobrevivieron en el Songo y la Timba cubana, pero estas cadencias, a diferencia de la Bachata y el Reggaeton, que emigraron con éxito a Nueva York, se quedaron encerrados en la isla y gozaron levemente del gusto europeo y americano. Lo explica el hecho de que rápidamente los timberos se volvieron fósiles fuera de Cuba, y músicos como Héctor Lavoe y Pete Conde Rodríguez, La Ponceña, El Gran Combo, Eddie Palmieri, crecen con los días en la leyenda urbana. Como Gardel.Después de ser el chófer particular de un comerciante llamado Bartolomé Rodríguez, en Santiago, Matamoros abandonó éste, el oficio de sus primeros años, para dedicarse totalmente a la música. Las anécdotas de su vida bien valen para un grueso volumen. Estando en Nueva York en 1937, ocasión en la que fueron contratados para varias grabaciones, un incendio por poco le hace perder su afición a los viajes. Alojados en el Hotel Saint Nicholas, se retiraron tranquilamente a sus habitaciones. Después de la media noche, cuando sonó la alarma de incendios, Ciro y Cueto corrieron a la calle, entre la humareda. Ya en la avenida, rodeados de bomberos, preguntaban por la suerte de Miguel, a quien no veían por ninguna parte.A medida que pasaban los instantes, la angustia era mayor. Al fin, vieron a Matamoros entre el humo de una de las ventanas del quinto piso. El líder del trío, semidormido, apenas se enteraba de la emergencia. Los bomberos le alcanzaron una escalera, pero Miguel la abordó de espaldas, ante los gritos de la muchedumbre, abajo, que le insistía en bajar de frente a las gradas, como es lo correcto. Anonadado, Miguel debió esperar el auxilio directo de los bomberos para llegar al asfalto. Nunca olvidó esa noche en Nueva York.Así como el viejo Miguel, la Salsa en Cali debe descender de frente a las noches festivas de fin de semana, y no ser ocultada, disfrazada o relegada entre los canturreos sosos de la timba.

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