¿Qué te hicimos, Tanja?

¿Qué te hicimos, Tanja?

Noviembre 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Vi apartes del video ‘Buscando a Tanja’, la Nijmeijer, la guerrillera holandesa de las Farc, quien aparece con el fusil al hombro, afirmando que no ha sido secuestrada, que está ahí por voluntad propia, e invita al Gobierno colombiano a “ir por ella”, para recibir al Ejército “con AK, con minas…”. Manifiesta sentirse orgullosa de pertenecer a la banda sediciosa, y de “estar al lado del pueblo colombiano, en la lucha por el poder (¿?)…”.Recordé, tristemente, a un chiquillo no mayor de 19 años, a quien vi cruzar la Via Rizzoli de Bologna, Italia, hace dos años. Llevaba una camiseta con el aviso ‘Guerrilla’, debajo de una estrella roja. Caminaba airoso, un poco desafiante, y me hizo pensar si de verdad sabía qué clase de propaganda llevaba consigo. Tenía la edad y el ademán de tantos mozalbetes que han hecho del ‘Che’ un culto ‘Pop’, y por influencia de sus padres, venidos de los 60, o de lo poco que saben de Latinoamérica en sus escuelas, piensan que este es un territorio de junglas espesas, bosque húmedo, donde sátrapas sin corazón gobiernan sobre una horda de indios humildes e infelices, a los que someten a grandes jornadas de trabajo, látigo en mano, gente a la que es necesario liberar pronto del “yugo explotador” y de paso, “del imperialismo Yankee…”.Ya lo decía Vargas Llosa: la literatura tiene el poder de transformar el mundo. Y de qué manera; los pocos textos literarios de esta parte del universo, que llegaron a la vieja Europa, hasta la segunda mitad del siglo XX, hablaban de eso: de dictadores desalmados, indios que perecían en las plantaciones de caucho, ejércitos de asesinos que ejecutaban sumariamente a campesinos, mujeres indómitas que decidían tomar justicia por propia mano, mundos gobernados por sátrapas.La historia cambió hace mucho tiempo, es cierto, para la América del Sur y el Caribe, pero Europa no se enteró. De ahí que sea fácil que en cualquier pueblo del norte de Italia, Francia u Holanda salgan algunas vicarias, con el apoyo del párroco, decididas a enviarle una ayudita a esa pobre gente. Mandarles queso, embutidos, plata. Ropa también, nunca sobra. Cuesta, muchas veces, convencer al mundo europeo que se vive aquí en ciudades donde existen templos, museos, supermercados, calles, universidades, civilización, pues tienen la creencia de venir a pequeñas franjas de Gaza, donde es necesario saltar entre casas y carros destruidos, mientras los narcotraficantes, ataviados con taparrabo, reparten bala a lo que se mueva. Con una visión así, una muchacha europea, una Tanja, con arrestos justicieros, siente que viene a redimir al mundo, a seguir los pasos del Che.En este territorio donde el Che y Pablo Escobar son los más ‘duros’, los que “reparten puño físico en las montañas de México”, como anotaba un personaje de David Sánchez Juliao, la ignorancia europea -y norteamericana, también- peca por atrevida.Para una chica como Tanja, aburrida de la moral calvinista, venir a echar bala aquí -¿a cuántos colombianos ha asesinado?- debe ser como estar inmersa en un videojuego donde hay que tumbar con ‘rockets’ al mayor número de adversarios, para subir el puntaje. Un récord que la llevará, indefectiblemente, a la muerte o a la cárcel. Pero a ella no le importa, porque es la Walkiria redentora, la Policarpa que vino del frío, la Juana de Arco, sin arco, la holandesita tenaz que quiere llevarnos al Socialismo Gruyere. Vamos, Tanja, ¡hasta la victoria, secret!

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