¿Por qué me muerdes?

¿Por qué me muerdes?

Junio 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El pasado martes estuve pensando en la manera de neutralizar a Luis Suárez, el delantero uruguayo que muerde a sus rivales, presa de una obsesión que parecía cancelada en la evolución humana: el canibalismo.Mucha gente ríe de lo que parece una locura y asocian el comportamiento de Suárez con las dentelladas de Mike Tyson, el mismo que en varias ocasiones estuvo a punto de arrancar las orejas de sus rivales.En sesudos estudios acerca de la conducta humana proclive a la mordida, se asegura que ésta puede aflorar como impulso sexual o puede ser la reacción ocasionada por un síndrome de abstinencia; de carne, es claro, lo cual resulta contradictorio en el caso del uruguayo, siendo esta nación, junto a Brasil y Argentina, una de las mayores despensas de carnes de primera calidad.Lo anterior puede llevarnos a una conclusión triste: A Suárez le faltó alimento en su niñez y adolescencia, hecho que lo lleva a confundir los brazos, los cuellos y los hombros de sus rivales, con jugosos cortes de res pampera.En medio del calor de los partidos, existe un instante en que su mente se obnubila y confunde las pantorrillas con matambres de cerdo; los bíceps, con jugosos trozos de lomo, las mejillas de sus contendores, con apetitosas viandas de bife chorizo.La teoría del vampirismo queda descartada, habida cuenta que en la república oriental no se conocen asomos de esta práctica. No se sabe de émulos de Drácula en esos pagos de Tacuarembó.Lo del deseo sexual reprimido sí cuenta para el artillero. Es probable que su lentitud en salir del closet, lo lleve, en medio de un partido, a tener explosiones de ataque libidinoso no exento de júbilo. Suárez se retuerce en la gramilla, a la par de su víctima; esta última lo hace, de dolor. Él, de placer. El mismo que lo lleva a frotarse los dientes, como los caballos después de un lance yegüerizo.Como quiera que es una amenaza pública, suelta en un mundial de fútbol, sin que la Fifa haga nada por removerlo, he pensado en algunos mecanismos de defensa para evitar sus ataques en el partido de este sábado:a) Serrucharle los dientes con un método odontológico que contemple anestesia local, al menos por 90 minutos y el tiempo de reposición.b) Exigirle la lectura de Premio Jorge Isaacs de Cuento 2013, del autor vallecaucano Harold Kremer: “¿Por qué me muerdes?”.c) Recubrir hombros, brazos y pantorrillas de James Rodríguez, Cuadrado, Armero y Jackson Rentería, con finas láminas de acero, así que el tarascazo de Suárez encuentre también su mousse de maracuyá. De postre.d) Ensayar una conducta de choque ante su embestida; es decir, morderlo primero, a lo motilón. Para que sea serio.e) Enrostrarle la bandera del “fair play”, con el enunciado: “Suárez, cierre la boca…”Si ninguno de estos cinco puntos puede ser aplicado, debemos prepararnos para lo peor; mordida previa al balonazo que busca el sueño de las piolas, o estertores de James, Jackson o Carbonero en la gramilla, después de una dentellada en parte noble. Suárez debe parar de andar buscando “steaks” o amores frustrados en los estadios. Esta manía viene de lejos; su abuelita dice que cuando era mozo le encantaba masticar bombillas, y una de sus novias debió ser llevada a la enfermería por mordida letal en una clavícula. Suárez, además, nunca atinó. No supo que con las novias, la mordida es en la nuca, debajo del pelo, en la espalda, o en la nalga.

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