Palmira sin victorias

Palmira sin victorias

Noviembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

A un costado del Hotel Plaza en Nueva York están siempre a la espera de turistas los coches del paseo romántico, iguales a los de Palmira. Llevan parejas de enamorados o de recién casados alrededor del Parque Central, se detienen un instante frente a la estatua de Bolívar que regalara Venezuela a la ciudad, y culminan con su paseíllo frente al edificio Dakota, donde fue feliz John Lennon con Yoko Ono, y en el cual el Beatle perdió la vida de un pistoletazo, propinado por un loco al que no quiso firmar un autógrafo.La diferencia entre los cocheros neoyorquinos y los palmiranos, está en el atavío y claro, en el contexto. Los de ahí, eran hasta inicios de los 80, casi todos irlandeses. Hablaban a voces, llevaban chaquetilla roja de terciopelo, sombrero de copa arruinado por los inviernos y una fusta de cuero con la que aupaban a sus percherones. Hoy, se pueden encontrar ahí cocheros negros, gitanos, colombianos y hasta chinos, en la democratización laboral que ha experimentado la ciudad, pero en el pasado los irlandeses legaban los coches a sus hijos, de la misma manera que lo han hecho los palmiranos.Para los de Manhattan, el problema no era el hedor a cagajón en las cercanías de Columbus Circle, pues estas normas de aseo Nueva York las ha hecho cumplir a rajatabla, sino la montaña de botellas que hacían en las esquinas del Plaza, mientras esperaban turno para llevar enamorados. Cochero neoyorquino que se respete bebe whisky barato, vodka, y lo que sea más espirituoso para el gaznate. Así que sus problemas no eran de orín sino de tufo.Raúl Arboleda Márquez, alcalde de Palmira, acaba de prohibir el estacionamiento de coches, victorias, diligencias o calesas en la plaza principal de la ciudad, alegando razones de aseo, y ante la reciente remodelación de ese espacio. Considero extrema la medida, pues estos pintorescos vehículos son un sinónimo de Palmira, un carácter, casi una postal imposible de desligar de su imagen.Resulta más fácil imponer tareas de higiene a los cocheros y multas por incumplimiento, pero no retirarlos. Al contrario, Palmira debería subrayar esta tradición, ahora que el mundo pide menos velocidad y más romance. De las 98 ‘victorias’ que existían, quedan doce. La vida lenta, el retorno a lo bucólico y pastoril, a lo ecológico, está de moda. A los neoyorquinos les ha salido, incluso, competencia, con los ciclocoches que recorren de noche Times Square y Broadway. Una bicicleta, adaptada como victoria, no requiere agua, pienso o miel de purga; sus condiciones de asepsia están en ventaja, y muchos las prefieren para ser llevados, al mismo precio de un taxi. Están también las carretas de tracción humana o ‘rickshas’, más románticas aún, traídas de China y Birmania al asfalto de Manhattan.Otras ciudades que cultivan esta tradición de la calesa para paseos cortos, son Cartagena y Sevilla, España. No se concibe a La Heroica sin estos coches que además están dotados de faroles con velas en la noche, hacen una ruta preciosa junto al mar, y rematan en la plaza de Santo Domingo. Sevilla no sería igual, sin sus carretas, las mismas que engalanan con flores para las Fiestas del Rocío, en las que la Virgen Morena es vitoreada -“¡guapa, guapa!”, le gritan- mientras los gitanos cantan saetas desde los balcones.Entonces, alcalde Arboleda, no expulse las victorias, no las esconda, que son de lo bello que va quedando en nuestros pueblos. Para esos asuntos desagradables está el pañal equino, y responsabilidades precisas a cada cochero.

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