Normas de urbanidad

Septiembre 16, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“Si se va en bestia, y un clérigo viene por la derecha, hay que apearse, quitarse el sombrero en señal de respeto, con una leve genuflexión, y continuar camino cuando el ministro de la iglesia se haya alejado…”, dice el venezolano Manuel Antonio Carreño, en sus Reglas de Urbanidad. No proceder así, anota, se considera “conducta incivil…”. Confieso que desde hace tiempo he tratado de poner en práctica esta exquisita norma, pero no tengo la bestia ni tampoco curas que vengan a mi encuentro por la derecha. Lo cual es una lástima en una ciudad todavía de aire pastoril como Cali, donde uno podría practicar a placer esta regla utilísima.Hace unos días, y ante el alto costo de la leche y la gasolina en Colombia, propuse a los míos comprar un caballo y una vaca; sólo recibí oposición, aunque la idea era estupenda. A un caballo no hay que llevarlo al taller ni requiere sincronización, certificado tecnomecánico, bujías, aceite de motor ni gasolina. “No tiene que ser un percherón”, dije resignado. Puede ser un caballejo de carga, noble y sencillo. Basta que sea sano. Se le da caña picada y miel de purga. Mi sobrina se preocupó: “¿Y si llueve, tío?, pobre animal…”. Agregué que para ello es menester hacerle un cobertizo. Igual a la vaca. “Lo importante es que dé buena leche”, concluí filosófico, y “quizá podemos vender algunas botellas entre el vecindario…”.Los puse a hacer cuentas, para entender que es infinitamente más económico tener un caballo y una vaca en casa, que gastar en carro y leche toda la vida. “Además es agualeche, fíjense bien; si por lo menos fuera de esa postrera que dejaba el vaso pintado…, pero esta agua con cal no puede ser leche”.Perdí la apuesta; había diseñado ya una especie de pañal equino para evitar que la bestia dejara indecorosa huella por la ciudad.Otra norma de Carreño que no he podido cumplir es ésta: “No está permitido a un hombre el permanecer en su casa sin corbata, en mangas de camisa, sin medias ni con los pies mal calzados…”.No debemos desconocer, también, que el calor aquí en el trópico atenta contra la etiqueta dentro de la propia casa. Según Carreño, hay que dormir perfectamente enpijamado, no sea que un accidente nos saque de la cama a media noche, en traje de Adán. O sea que no se vale dormir viringo, pues además hay que tener pudor del propio cuerpo. Veamos lo que dice el venezolano: “Al despojarnos de nuestros vestidos del día para entrar en la cama, procedamos con honesto recato y de manera que en ningún momento aparezcamos descubiertos ni ante los demás ni ante nuestra propia vista…”. Ojo con los espejos. Y agrega: “La moral, la decencia y la salud misma, nos ordena dormir con algún vestido…”. En otro asunto en el que fallo bastante, lo reconozco, es en despedir personas que me visitan: “La persona que acompaña a otra que se despide, cuidará de ir siempre a su izquierda; y si son dos las personas acompañantes, se situará una a su izquierda y otra a su derecha…”.Después de releer los deberes para con la Patria y la sociedad del maestro Carreño, le pregunto a la Gerente de Emcali, qué pecado he cometido para llevar dos meses sin teléfono ni internet y si es menester continuar pagando un servicio que no recibo. ¿Estoy ‘chuzado’, he sido incluido en alguna lista de apátridas que no merecen el derecho fundamental de la comunicación, es así como me recibe la ciudad después de doce años de exilio?

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