No matarás

Marzo 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Fue escrito en piedra, pero miles de años después continúa la matanza entre hermanos. Llama la atención el capítulo del Génesis en el cual es posible comprobar que la familia humana es una, sólo que se dispersó por la tierra con diferentes culturas, diferente color de piel.Buena parte de las cuentas que tiene el mundo para saldar, son deudas de sangre, las mismas que conducen a una vorágine peor de odios, venganzas, más muertos, más llanto.El autodenominado Estado Islámico representa hoy el fin de lo que conocemos como ‘civilización’. En sus postulados no existen los mandamientos que conocemos, que constituyen la base del Derecho universal. La deconstrucción del quinto mandamiento parece ser en ellos una meta; degüellan, queman vivos a sus ‘enemigos’ en jaulas, en mitad del desierto, explotan familias enteras en teatros, aeropuertos, estaciones de metro en Europa. Realizan estos actos de barbarie sin el sentido de culpa o arrepentimiento que puede acompañar a un ser humano en otro lugar de la tierra. Pertenecen a un código donde la muerte violenta no significa nada para ellos, y es por el contrario, por razones religiosas, una redención, un más allá de felicidad.Lo que acaba de ocurrir en Bruselas tiene las mismas características de otros hechos de barbarie que el mundo ha padecido con horror. El 11 de septiembre de 2001, islamistas suicidas estrellaron aviones contra el Centro Mundial de Comercio en Nueva York y El Pentágono; inauguraban así una nueva forma de terrorismo, con hombres-bomba, los mismos que aterrorizan desde hace años a Israel y han dejado su señal de odio en las calles de Madrid, Londres, París, Boston, Estambul, naciones de África.Esta sangría sin fin hace que Occidente señale sin distingos a los musulmanes del mundo, desconfíe de sus atavíos, de su cultura y ponga mayores controles, basados en “perfil racial”. Los musulmanes suman hoy, aproximadamente, 1.520 millones en el mundo. Actos de humanidad como el de la canciller alemana Angela Merkel, al abrir la puerta de Europa a centenares de refugiados sirios, son vistos hoy como un error. Está ella bajo el dedo acusador de toda Europa.Cada nuevo atentado, enciende las alarmas en las grandes ciudades, y representa un enorme gasto en seguridad. Sólo al medio día del pasado martes, más de cinco mil agentes de seguridad patrullaban las calles de Nueva York. Las mismas medidas se adoptaron en las capitales europeas.La vida, desde luego, se vuelve cada vez más difícil para los pacíficos seguidores del Islam, criminalizados hoy en los ghettos de París o Nueva York. Más rondas en torno a sus casas y mezquitas, mayor control en los aeropuertos, seguimientos.La matanza de Bruselas fue reclamada por los yihadistas como una respuesta a la reciente detención de Salah Abdeslam, el cerebro de los ataques en París.El martes negro de Bélgica es el que permite que un candidato como Trump suba en las encuestas. Dice que extirpará del suelo estadounidense a los musulmanes, una propuesta que se ve hoy utópica y temeraria, tanto como la idea de sacar de ahí a todos los mexicanos y terminar el muro entre las dos naciones. El discurso extremo gana cada vez más adeptos.Europa toda parece ir hacia la extrema derecha, un ambiente donde los matices culturales, los nuevos vecinos, los recién llegados, no son vistos con la simpatía, el exotismo y las demostraciones de amistad del pasado.En vísperas del rito anual, simbólico, de la pasión y muerte de Jesucristo, comprobamos que nunca aprendimos la lección. La familia humana, que es solo una, está fragmentada hoy por el odio, actos vindicativos, deudas de sangre. Infortunadamente, la vida del Planeta llama a tiempos sombríos.

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