Neruda y el cine

Enero 19, 2017 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Controversia despierta la película ‘Neruda’, del chileno Pablo Larraín, por ser un filme en el que el director -es su libertad- escogió un momento determinado de la vida del poeta, cuando era perseguido y huía al interior de Chile, miembro del Partido Comunista, acusado de injuria y calumnia.El debate se da al no entender que el cine no es una puesta en escena lineal, donde el director debe situar al Neruda joven, de 17 años, en el balcón de un cuartucho pobre en Santiago, desde el que veía morir atardeceres y escribía ya sus veinte poemas de amor.Si un director de cine va a las memorias del poeta, encontrará ahí múltiples escenas, descritas como un guion. Neruda hace girar un mapamundi y señala, con los ojos cerrados, un lugar en el mundo donde será enviado, por primera vez, como cónsul de Chile. El dedo se queda en Rangoon, Birmania, y parte hacia allá. La vida en Asia lo enriquecería; sus travesías nocturnas por la selva, a lomo de elefante, o a lomo de hombre -en ‘ricksha’-, su azoro en la recepción de un hotel de Malasia, buscando tinta verde para sus poemas. No hablaba malayo -en esa época el inglés no había colonizado todo el orbe- y estuvo por largo tiempo tratando de explicar lo que necesitaba, hasta que un bedel exclamó: “¡Tinta!”; así supo el poeta que esta palabra es igual en español y en malayo.Neruda confiesa que al viajar de Parral -donde llovía todo el tiempo, y un padre ferrocarrilero que usaba capa española, abría las puertas con su voz-, a Santiago, encontró una ciudad que olía a gas, donde todavía los tranvías rechiflaban por las calles. No se puede negar que transformó todo el panorama de la poesía española, después de Rubén Darío, con metáforas insuperables. Como decirle a ella que espera un hijo: “Desde el fondo de ti y arrodillado, un niño triste como yo nos mira…”. El poeta joven andaba enamorado de una tal Marisombra, la de “la boina gris y el corazón en calma…”; el amor lo acompañó toda la vida.Un director de cine puede empezar también una película de Neruda con un niño que descubre la caparazón dorada de insectos entre las frondas, el que se extasía con los copihues, o el que, ya en el servicio diplomático, ve cómo una mujer se arrodilla sobre sus zapatos en un muelle de Birmania, mientras el barco pita a zarpe. Aquella amante era Jossie Bliss, a la que él llamó “La pantera birmana”. La mujer no podía soportar que se fuera y se arrodilló a llorar sobre los mocasines blancos de Neruda. La imagen, él mismo la describió: Ella levantó la cara enharinada desde el suelo; las lágrimas se habían mezclado con el betún.Neruda era glotón; sus camaradas rusos siempre lo proveían de grandes latas de caviar ‘Malasol’, el mismo que consumía por cucharadas delante de sus visitas. En su libro ‘Adiós, Poeta’, su amigo Jorge Edwards, con quien compartió la embajada en París, cuenta deliciosas anécdotas. Al poeta no le gustaba pagar las cuentas, y siempre los ponía en aprietos porque pedía la ‘pipona’ en los restaurantes, la botella gigante de Viuda de Clicquot o Don Perignon. Después de opíparas cenas en los restaurantes de París, se esfumaba. Iba hasta los arroyos de la ciudad en busca de unos pequeños restaurantes chilenos donde servían uno de sus platos favoritos: paticas de cerdo guisadas.Sus esposas siempre debían portar un babero pues indefectiblemente derramaba la comida sobre su corbata. Así, se ocupó de las papas fritas en sus Odas Elementales: “Chisporrotea en el aceite hirviendo/ la alegría del mundo/ las papas fritas…”, o ese retrato magnífico de la cebolla: “Cebolla, luminosa redoma/ desde el fondo de la tierra pétalo a pétalo se formó tu hermosura…”.O su Oda al Caldillo de Congrio: “En el mar tormentoso de Chile/ vive el rosado congrio/ gigante anguila de nevada carne…”.Sigue en Twitter @cabomarzo

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