Morir en Chicago

Noviembre 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Antenoche vi, una y otra vez, el vídeo en el que el adolescente afroamericano Laquan McDonald es acribillado 16 veces por el policía de Chicago Jason Van Dyke, en una calle desolada. Fue en octubre de 2014 y el testimonio, una filmación hecha por la propia Policía, viene a conocerse más de 1 año después, con sus consecuencias: manifestaciones masivas en Los Ángeles, en Nueva York, en el Sur de Faulkner.La protesta no parará, y es menor hoy, comparada con el incendio que hubiera causado hace 1 año, cuando varios afroamericanos fueron ultimados por la policía y la tensión racial creció hasta obligar la intervención directa del presidente Obama.El vídeo es público hoy -cualquiera puede verlo en las redes-, gracias a una orden judicial. La Policía alega que McDonald “iba drogado y portaba una navaja en el bolsillo…”. Hoy, un porcentaje muy alto de la población juvenil de los Estados Unidos, discurre drogada por la vida, y esta tendencia se acentúa en la minoría afroamericana, donde las escuelas, la salud y la alimentación, no tienen el mismo nivel que en otros sectores de la población.La teoría del capital se aplica a pie juntillas en los Estados Unidos de América; a mayor ingreso, más impuestos, lo que permite -ahí no se roban el tributo de la comunidad- mejores escuelas, parques, barrios relucientes, césped bien cortado, piscinas comunales con salvavidas, canchas de baloncesto, fútbol, béisbol.Alguna vez Albert Camus dijo que “la pobreza es como un castillo sin puente levadizo…”, y ello nos representa el drama centenario, a veces milenario, de quienes padecen la imposibilidad de migrar hacia mejores condiciones de vida, porque empujan, eternamente, la noria heredada de un statu quo que los condena a vivir en medio de la indigencia espiritual, mucho peor que la material.En ese no futuro de las escuelas destartaladas, auténticos ‘Fort Apaches’, de servicios de salud deficientes, los chicos del Harlem, de las grandes barriadas negras de Estados Unidos, no tienen muchos puntos de contacto con ese ‘otro’ mundo que está al cruzar la calle, como ocurre en Manhattan; al otro lado de edificios tiznados, con ‘dillers’ que se inyectan en los porches, están las salas de arte, los anuncios de grandes conciertos, el Museo Guggenheim con muestras de Picasso, el sushi kosher, los restaurantes vegetarianos.En un mundo donde a veces la única válvula de escape son las estridencias del hip-hop, la comida chatarra, donde es común la violencia familiar de un padre que se droga porque el suyo también lo hacía, estos adolescentes repiten la dialéctica infame del auto aniquilamiento.Lo que aparece claro en el vídeo motivo de estas fuertes protestas, es la insania policial contra un joven inofensivo, desarmado, precisamente en Chicago, la ciudad donde Barack Obama hizo su plataforma política. Si algo lo catapultó a la Presidencia, fue el trabajo voluntario que hizo por muchos años en las barriadas negras, con la devoción de un monje tibetano.Chicago, como Washington y Nueva York, es una ciudad muy afroamericana. Fue en el Siglo XX el gran matadero nacional, el lugar donde diariamente sacrificaban -aún es así, aunque esta tarea se ha desplazado a otros Estados- miles de reses para alimentar al país. Al alba, salían los vagones interminables con su carga de ‘steaks’, algo que impresionó al poeta Carl Sanburg, quien pudo contar en sus memorias cuán lastimero resultaba escuchar ese mugido de muerte al amanecer.Que el viento que sopla desde el Lago Michigan por esta época, traiga paz a los corazones.

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