‘Moonlight in Vermont’

‘Moonlight in Vermont’

Noviembre 04, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

A través de los siglos el mundo ha visto desaparecer varios imperios, y en este XXI asiste a la disolución lenta de los Estados Unidos de América, víctima de la avaricia bancaria y la usura legalizada, cual es el crédito, esa quimera representada por una tarjetita plástica.A lo anterior, al resquebrajamiento financiero -el cual pudo ser igual o peor al desastre de los 30, si Obama no lo frena a tiempo- se une la inoperancia de una clase política esclava del superpoder económico y de la estructura militar.Lo que acaba de ocurrir en las elecciones legislativas de Estados Unidos, es también un ‘no’ a las políticas excesivamente proteccionistas de Obama y su incapacidad para cumplir todo lo que prometió. Acaba de admitirlo, cuando manifestó ser “sólo el presidente, y no un rey…”. Pero, aún si lo fuera, un monarca estaría en incapacidad de cubrir el déficit de empleo que existe hoy ahí y la debacle absoluta del sistema de préstamos para vivienda, drama que muestra ya sus consecuencias y retornará en este 2011. Lo economistas auguran que será el segundo colapso, peor al de 2008.Obama tiene en frente a un país desencantado, el de los republicanos que añoran los viejos tiempos, los de la era Reagan, cuando todo ‘americano’ tenía tres automóviles, empleo seguro, educación y dinero para pasar vacaciones, en Europa, Asia, América Latina o el Caribe.Lo que piden los áulicos del ‘Tea Party’ que lidera Sarah Palin, es que regrese el tiempo del ‘gringo contento’ que iba por el mundo con familia y una camisa de palmeras, el de la carabina Winchester colgada en el desván, por lo que pudiera pasar, una nevera llena de cerveza en el verano, y asado en la playa.Todas, lícitas aspiraciones humanas que los republicanos más recalcitrantes, los del ‘Midwest’, los que van al templo con gorra de John Deere o Caterpillar, ven huir lentamente con la debacle económica. Como deben culpar a alguien, el responsable es Obama que les “arrebató su país”, y las numerosas riadas de inmigrantes que trabajan por pocos dólares y reducen las posibilidades de trabajos calificados y bien remunerados.La Palin, que no se anda por las ramas, ya le dijo a Obama que “no ha tenido cojones” para enfrentar la inmigración ilegal. La tibieza de Obama tiene que ver, justamente, con el enorme caudal de votos que le reporta el decir, también de manera leve, que aspira a la legalización de millones de indocumentados.Hay que vivir en los Estados Unidos, para conocer, de cerca, la invasión mexicana. El problema migratorio no es ni siquiera colombiano, peruano, chileno o salvadoreño. Es asunto que México debe resolver directamente, pues los que fueran en el pasado unos sembradores de tomate, uva y fríjol en California, motivo de películas romanticonas, son hoy una nación, tan grande como cualquier país suramericano, dentro de los Estados Unidos. Y una nación, hay que decirlo, que trae perjuicio, pues de esos millones de inmigrantes ilegales, solo el 1,5% paga impuestos o deja dinero en los lugares donde vive. Los billones de dólares que gana esta república ilegal, retornan vía Western Union a las aldeas, pueblos y ciudades de México.Si Obama no logra una reelección, vendrán tiempos difíciles para los más pobres. La polarización partidista y racial amenaza ahí, peligrosamente, el equilibrio democrático. El discurso del ‘Tea Party’, tolerado por millones de inconformes, es, en algunos apartes, lo más parecido al renacer del fascismo y del Ku Klux Klan.

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