Matamos al tigre

Marzo 12, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Todo colombiano nacido antes de la mitad del Siglo XX tuvo un abuelo que alguna vez presumió de haber cazado un tigre y de haber hecho zamarros con su piel. El mundo cambió y cazar un tigre o un tigrillo hoy, tiene sanción moral. ¿Pero, de dónde vino el tigre colombiano? Según Esteban Payán Garrido y Carolina Soto Vargas, existen, todavía, 36 especies de felinos en Colombia, entre los que se cuentan jaguares, pumas, gatos salvajes, leopardos, ocelotes, a los que genéricamente se les llama “tigres”.Recientemente, las redes sociales han estado indignadas en protesta contra la depredación de los que pueden ser los últimos tigrillos de Colombia. Desaparecido ‘El tigre colombiano’, un luchador que fraguó muchas de las emociones de nuestra infancia, con sus llaves maestras en lo cuadriláteros -‘La mesa’ y la ‘Doblenelson’-, enfrentado al Tártaro, al Médico Asesino, Goliath, La Momia, Sansón Murillo; cuando ya el Tigrillo Noriega es historia, y sólo nos queda el ocaso del Tigre Castillo y la esperanza -la última que se pierde- del Tigre Falcao, acabar con los felinos que todavía retozan en nuestros bosques, es poco menos que un crimen de lesa patria.Primero fue la foto de tres tunantes en el Bajo Calima, zona rural del Dagua, exhibiendo sonrientes el cadáver de un ocelote adulto.“La Personería procederá a abrir investigación con el fin de establecer las causas por las cuales fue asesinado el animal en el área protegida del Parque Farallones”, dijo el personero de Cali, pero todos sabemos que no se hará nada. En un país donde campea la impunidad entre semejantes, los animales importan poco. Luego, habitantes del barrio Nueva Colombia, de Aguachica, Cesar, apedrearon a otro tigrillo, porque “ya se había comido tres gallinas” y representaba, afirman, peligro para los moradores. Hasta los años 80, no sé hoy, se traficaba con pieles de tigrillos en la costa del Pacífico. Era muy común visitar la casa de un pescador, y ver cómo exhibía sus dos mayores trofeos: una mandíbula de tiburón y la piel del inocente.Todavía, no obstante las prohibiciones internacionales, se exhiben zapatos y carteras de “auténtica piel de tigre”, como la que llevaba en el hombro el general venezolano José Antonio Páez, o la que lucía, con impudicia, en pleno Siglo XXI, el dictador Muamar Gadafi. Borges consideraba que uno de los grandes momentos literarios de ‘María’ de Jorge Isaacs, era el de la cacería del tigre y, otro, la narración del paso del Dagua. Hoy, 148 años después, continuamos matando felinos en esta misma zona de Colombia en la que también hubo leones. Hace 15 mil años vivió ahí el tigre Dientes de Sable y también el león colombiano, hoy extinguido. Alguna vez el poeta nicaragüense Rubén Darío dijo que Colombia era tierra de leones, cuando estos ya habían desaparecido hacía miles de años: “Colombia es una tierra de leones, el esplendor del cielo es su oriflama/, tiene un trueno perenne: el Tequendama/, y un olimpo divino: sus canciones…/ Siempre serán soberbios sus pendones bajo la gloria que a la gloria inflama/; siempre será la patria que derrama la savia de los grandes corazones. /En sus historias nobles y triunfales/ resplandecen egregios paladines/ coronados de lauros fraternales.../ Y se oyen en sus campos y confines/ Boyacá y sus tambores inmortales, el Santuario y sus épicos clarines…”.O el poeta había bebido demasiado ajenjo, o confundió a Colombia con Grecia. Nací un poco después de la primera mitad del Siglo XX, y el único egregio paladín que conocí fue un cuadro de Bolívar, coronado de azahares, al que mi abuelo le rendía honores diarios, detrás del mostrador de su tienda en el puerto.

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