Marea de sombras

Marea de sombras

Octubre 18, 2017 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Al escribir el prólogo para la novela ‘Marea de Sombras’, de Fabio Martínez, la misma que presenta hoy en Europa y América la editorial Pigmalión de España, -el lanzamiento en Cali será hoy a las seis de la tarde en el auditorio Jorge Isaacs de la Biblioteca Departamental-, pensé en todo el imaginario en torno a Buenaventura, en el tiempo que ha tomado crear una poética desde el Pacífico colombiano, y claro, recordé a Carlos Arturo Truque, el excepcional cuentista que curtió sus ficciones en el puerto, a Óscar Collazos y su ‘Son de Máquina’, a Enrique Cabezas Rher con su bellísima novela que rescata un verso de Petronio Álvarez en su título, ‘Miro tu lindo cielo y quedo aliviado’.

Al acto de hoy asistirá el presidente de la editorial española, Basilio Rodríguez Cañada, quien presentó ayer en Cali una bellísima edición de ‘María’, conmemorativa del año consagrado al autor vallecaucano.
Alguna vez el diario ‘Libération’ de Francia publicó una crónica en la que Buenaventura aparecía como “el peor pueblo del mundo”; también, Bryce Echenique me confesó que su padre los trajo en barco desde El Callao a Buenaventura, cuando eran niños, y de cuando en cuando los amenazaba con devolverlos ahí, a manera de castigo. Como si se tratara de una sucursal del infierno. Cada quien tiene una idea de su patria; la mía, es idílica, hermosa, la memoria de un puerto que va conmigo a todas partes.

A diferencia de otros autores que han visto a Buenaventura a través de los filtros del amor y la añoranza, la novela de Martínez es cruda en su desarrollo, y no escatima ninguna recreación al mundo de hoy tomado por la violencia guerrillera y paramilitar en disputa por territorios aptos para el narcotráfico.

El Sabio, Francisco José de Caldas, uno de los patriotas colombianos que se enfrentó al imperio español, reconoció el litoral sur de Colombia como “el obscuro Pacífico”, ese lugar donde el mar parecía traer pesadillas en el espejo quebrado de sus aguas, y los atardeceres se anunciaban con el aleteo de mariposas lanudas, entre el humo de la madera recién cortada.

A ese paisaje se rindieron personalidades como el Barón Von Humboldt, y el viajero francés Jean Baptiste Boussingault, quien narró en su diario de viaje a mediados del Siglo XIX, cómo unas mujeres con pendientes y agujas de oro en la cabeza lo habían atendido en la ribera de un río, donde personajes dignos de El ‘Reino de este Mundo’, de Carpentier, usaban hasta siete pañuelos para conjurar el calor y mantener alguna dignidad entre la descomposición de los elementos.

La novela de Martínez redime este lugar geográfico, espacio de ficción, como un tsunami que hace eco a esa obsesión de los creadores literarios por refundar la realidad desde el advenimiento del desastre. Como la paloma que vuela sobre el arca cuando ya las aguas han descendido en su nivel y un viento balsámico dice que la vida ha regresado. Buenaventura con su charanga de alta isla, por donde “sopla una brisa piadosa”, como la describió el poeta Álvaro Mutis, es aquí también un pedazo de mundo arrancado de los ‘Tristes trópicos’ de Levy-Strauss.

La historia se desenvuelve dentro de una maraña oscura de crímenes, corrupción, vidas relajadas entre el sopor de una temperatura que trae vinagre a la boca de los vivos, aire de cementerio, tiros al aire, ficticias compañías camaroneras, lancheros, gente de mar, ancestrales premoniciones.

El mapa del puerto con sus personajes que hablan a las deidades africanas, discurre por una banda sonora a la que acude la circunstancia rítmica del folclor, su compás conocido.

Novela negra, crónica al tiempo de una era infernal donde la vida parece no incomodarse con el reino de la muerte, Marea de Sombras nos dirá un día cómo era el puerto de la Buenaventura cuando los hados del inframundo permearon su destino.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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