Los 80 de Vargas Llosa

Marzo 31, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

En 1983, antes de morir, Manuel Scorza entrevistó en París a Mario Vargas Llosa, y lo llamó “un écrivain de la droite” -un escritor de derecha- en un mundo todavía escindido por puntos de vista y caminos políticos develados por vida y obra de poetas y novelistas.Un apelativo que con seguridad, entonces, no fue bien recibido por el autor de ‘La ciudad y los perros’, por lo que implicaba ser encasillado en una denominación aborrecida por las vanguardias.Sólo que Vargas Llosa continuó en la denuncia de los despotismos de derecha e izquierda y estuvo siempre en primera línea para certificar el ocaso del comunismo, el fin de los regímenes socialistas.“En qué momento se jodió el Perú”, pregunta uno de los protagonistas de su novela ‘Conversación en La Catedral’, y esta misma pregunta continúa sin respuesta hoy en Colombia, Argentina, Bolivia, Cuba, Venezuela. En el caso nuestro, tenemos hoy una guerrilla envalentonada en sus pretensiones, desde La Habana, y otra que inaugura un segundo “diálogo de paz”, sin culminar el primero. No han terminado de pedir sus ilimitadas prerrogativas los farianos, en este marco de paz con impunidad, y ya el gobierno acepta saltar a la caldera del ELN.Vargas Llosa fue otro de los escritores latinoamericanos que saludó con entusiasmo la revolución cubana de 1959. Como Gabriel García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza, entre otros, fue invitado por Cuba a las epifanías de esos días de los 60 en los que se confundían en La Habana la rumba, el ron, las loas a Fidel y los paredones. Por los pasillos del Hotel Habana Libre, antiguo Hilton, era posible encontrar al filósofo francés Jean Paul Sartre, de brazo con su esposa Simone de Beauvoir, al Ché Guevara, nombrado entonces Ministro de Economía –despachaba desde el Hilton- a la activista griega Melina Mercouri y a muchos intelectuales europeos ebrios de fervor revolucionario.Al igual que Plinio y Gabo, Vargas Llosa fue invitado a esos juicios sumarios, públicos, en el que viejos guajiros, propietarios de tierras, eran escupidos y lapidados por la multitud, para luego ser vendados y fusilados contra un muro. Esta macabra experiencia la relataría luego Mendoza en su libro ‘La llama y el hielo’.Vargas Llosa fue uno de los primeros que se desencantó de la Cuba socialista y denunció, cuando pudo, todos los horrores de la “dictadura de proletariado”. García Márquez, no obstante, conocedor del ocaso cubano, se fue a la tumba sin esbozar una sola crítica al régimen ruinoso de su amigo Fidel.El escritor peruano acaba de celebrar sus 80 años con lo que se considera ya una cumbre política en Madrid. Desde su fundación que propende por la libertad y la democracia en el mundo, fustiga a los últimos mamertos, con razones que hoy no son de derecha ni de izquierda, que tienen sólo la claridad y el brillo de la verdad. A su cumpleaños asistieron Mariano Rajoy, Vicente Aznar, entre otros, y dos ilustres colombianos: Andrés Pastrana Arango y Álvaro Uribe Vélez.Son ocho décadas de un pensamiento en pleno movimiento. Como Balzac y Gustave Flaubert, dos autores a los que admira, Vargas Llosa llega a la cima de su vida como un ejemplo de creatividad, en medio de una fiesta de la inteligencia. Ningún honor le ha sido esquivo en el mundo de las letras. El joven de Arequipa que llegó a París con el sueño de ser escritor, es hoy uno de los más reconocidos y admirados. De su criba diaria abre nuevas ventanas de esperanza en un mundo que a veces pierde la fe. Ficción y realidad, novela y ensayo, y una cátedra de periodismo desde su columna en El País de España, hacen de él un referente obligado, una fuente necesaria en el desierto de las ideas, el mismo que marca hoy el fin de la cultura.

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