Legarde vs. los viejos

Noviembre 05, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

No ha sido bien recibida la declaración de la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Legarde, según la cual la población del mundo acusa envejecimiento, y “hay que hacer algo…”.O sea, se percibe hoy en el mundo una mayor expectativa de vida en los adultos mayores, resultado quizá de una mejor calidad de vida, mejores dietas, mejores rutinas de ejercicio, etcétera.En este “algo hay que hacer” y la preocupación de la Legarde, muchos han visto quizá un plan macabro para acabar con los viejos, como ocurría en la novela del Diario de la Guerra del Cerdo, de Adolfo Bioy Casares.A propósito, Armando Barona Mesa me envía esta nota:“Christine Legarde se volvió presidenta del Fondo Monetario Internacional cuando el titular anterior, el también francés Dominique Strauss-Kahn, aspirante presidencial en su momento en la vieja y siempre renovada Francia, echó todo al tarro de la basura al perseguir una mañana a la mucama negra del elegante hotel neoyorquino donde se hospedaba.La candidatura presidencial se esfumó en el aire como una pompa de jabón y la presidencia del Fondo Monetario también. Entonces se buscaron a la sardina Legarde. Se ha paseado por Europa tratando de mejorar las economías deterioradas de casi todos los países. Pero se declaró fracasada cuando el señor Alexis Tsipras ganó las elecciones en Grecia, cuando renunció para luego volver a ganar después de un plebiscito. O sea que, no obstante su perspicacia y persistencia, de nada le han servido a las finanzas europeas los esforzados desplazamientos de la sardina.Ahora ocupa los espacios cibernéticos con una genialidad que sobrecoge. Ha dicho en un documento presentado por el Fondo Monetario Internacional, y que forma parte del Informe Sobre la Estabilidad Financiera Mundial, que a medida que las poblaciones envejezcan en las próximas décadas, consumirán un porcentaje creciente de recursos, ejerciendo presión sobre los balances públicos y privados. Además afirma que esto constituye un gran riesgo financiero para los gobiernos y las entidades que ofrecen prestaciones jubilatorias definidas, que tendrán que pagar más de lo esperado en pensiones y prestaciones de la seguridad social. Agrega que para neutralizar esos posibles efectos, los gobiernos deben aumentar la edad de la jubilación, ligar ésta a la esperanza de vida, recortar las pensiones, incrementar los montos de las cotizaciones y contratar, con aseguradoras privadas, coberturas “por si la gente vive más de lo esperado”.Remata diciendo con tono de imprecación: “Los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global. ¡Tenemos que hacer algo, y ya!”.Nadie le preguntó qué era lo que iba a hacer para impedir que los viejos vivieran más tiempo. Tampoco se miró el reflejo de las estadísticas sobre la conservación de la vida humana, que es un motivo de orgullo de la civilización. No, lo que se sabe es que de un momento a otro esta sardina de 70 años nos mandará a ahogar o asfixiar en cámaras de gases, como en la época hitleriana, a los mayores de setenta años que tengamos una pensión. Es asombroso ver cómo se suspira por el fascismo y con qué desprecio mira a los mayores, sin considerar que ella también lo es, esta mujer sin aliño alguno, que posa como una bruja saltando con su escoba por entre chimeneas y edificios, como si la vida toda fuera un Halloween…”. El tiempo de las brujas ya pasó, pero los adultos mayores han empezado a ver a Christine Legarde con sombrero puntiagudo, nariz prominente, una olla de caldo verde y carcajada infernal.

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