Las barbas en remojo

Las barbas en remojo

Febrero 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Las revueltas naturales del mundo árabe en busca de una democracia que les llega ahora en directo a través de Internet, del Facebook y otras redes, hacen temblar a Cuba y Venezuela, por lo que puede ocurrir ahí en los próximos días.Elites intelectuales de chicos educados, cosmopolitas, entendidos en varias lenguas, se han encargado de ser el Caballo de Troya de los tiranos que, como Gadafi, mantienen a Libia en medio del terror policivo y usos tribales desde hace 42 años.Las defensas que de Gadafi hacen hoy Fidel Castro y Silvio Berlusconi, producen asco. Para nadie es un secreto que el jefe tribal de Libia ha sido aliado de Cuba, de Venezuela y de Italia. De ésta última, porque puso dinero en rama para salvar a la Fiat, cuando la compañía automotriz se fue a la quiebra. Si ya Chávez resulta un vecino incómodo para Colombia, tener como huésped a Gadafi, cerca de Cúcuta, no es noticia que alegre a nadie en estos andurriales.La socorrida teoría de la conspiración yankee, la cual empuñan todavía Gadafi y Castro, se ha ido al traste con el ‘New Deal’ de la política estadounidense, que prefiere hoy apagar guerras y ocuparse de los problemas de su propio patio.A veces la democracia puede ser un helado de vainilla, un traje glamoroso, un automóvil, una hamburguesa con papas fritas, algo que sólo conocen los árabes ricos en los hoteles de lujo y en sus viajes ultramarinos. Y los demás que vivan en la fe de Alá y coman garbanzo con pan ácimo. Así cualquier pueblo se rebota.Me pregunto ahora qué opina de estas revueltas el apátrida de Michael Moore, el maniqueo director de cine que llegó a afirmar que su país, Estados Unidos, “promovió la masacre de las torres de Nueva York, para erigirse como imperio absoluto en el Siglo XXI”; es decir, la teoría de la autodestrucción para buscar beneficios universales. Recuerdo aún cuando vi ‘Farenheit 9/11’ en un teatro semivacío de Madrid, y tuve la sensación inequívoca de estar delante de una forma siniestra de hacer opinión pública. Lo de Moore es ya enfermizo y cosecha aplausos de quienes esperan siempre sus filmes plagados de calumnias, verdades sesgadas, afirmaciones tendenciosas.Según su teoría, Bush era un viejo socio comercial de la familia Bin Landen, y el ataque y destrucción de las torres y otros lugares de poder en los Estados Unidos, obedecería también a un “ajuste de cuentas”, por viejas deudas contraídas con los consorcios petroleros árabes. Según Moore, la economía de los Estados Unidos estaría postrada ante los árabes saudíes, porque si ellos retiran sus millones de los bancos estadounidenses, “se quiebra la economía norteamericana...”.No es cierto tampoco que sólo los afroamericanos y los pobres van a la guerra en los Estados Unidos, ‘axioma’ que Moore trata de apadrinar, cuando afirma que los descendientes de africanos y los pobres, son la base de un sistema de castas (¿?) que configuran los Estados Unidos.Moore, oveja negra del rebaño, pertenece también a ese sistema que le ha permitido expresar su odio sin tapujos al país donde nació. ‘Farenheit 9/11’ fue la película más taquillera en Cuba y en parte del mundo islámico. Vale la pena preguntarse cuál de estos países contrarios al ‘imperio’ pueden permitirse estas libertades fílmicas. En tiempos de McCarthy, Moore estaría preso. Debería no obstante, celebrar su libertad y su albedrío ideológico, y ocuparse de las razones por las que un pueblo como el árabe, decide ir a las plazas y quedarse ahí, hasta ver caer a los tiranos.

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