La voz de Toni Morrison

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La historia de los Estados Unidos está llena de ejemplos más o...

La voz de Toni Morrison

Septiembre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

La historia de los Estados Unidos está llena de ejemplos más o menos trascendentales en la vida real y en la literatura, de lo que pudo ser la vida de las mujeres descendientes de africanos en las extensas plantaciones de Alabama, y luego en los centros urbanos de Chicago, Detroit o Nueva York.Mujeres, como en América Latina, lavanderas en los ríos, madres solitarias, domésticas, obreras de grandes fábricas, apenas tocadas por la historia de un país que invento el automóvil, la bombilla eléctrica y el sinfín cortador de pan.Desde luego que pienso en el valor de Coretta King, la viuda del Reverendo, con los ojos encharcados en el funeral de su esposo, con un velo que apenas deja ver un gesto compasivo; o veo, también, en retrospectiva, las carretas tiradas por mulas que avanzaron por Phoenix, Georgia, Missouri y los pueblos ribereños del Mississippi, llevando a grandes muchedumbres que portaban carteles y le daban así, al álbum sepia de los Derechos Civiles, su carácter épico.Dicen que Rosa Park, la mujer que se negó a levantarse de una silla en el bus urbano, para cederle el puesto a un blanco, como mandaba la ley, dijo después en las grandes marchas, que sus pies estaban cansados, pero no su alma y su corazón, donde bullía una fuerza redentora, la de su raza. Desde entonces, raza y Rosa marcharon juntas para la historia, y están ahí para que el mundo las recuerde.Mientras explotaban las protestas y daban los grandes enfrentamientos raciales en la Universidad de Kent, una mujer todo lo observaba, desde adentro, desde el detalle de la vida doméstica, para narrarnos, como la mejor historiadora, algo de esa vida afroamericana de mujeres anónimas en los barrios populares de las grandes ciudades.Chloe Anthony Wofford, más conocida como Toni Morrison, la escritora nacida en Lorain, Ohio en 1931, estaba mirando todo para referirlo después a su patria y al mundo. Se preguntaba por qué las niñas negras jugaban con muñecas de ojos azules, y en ese debate consigo misma, encontró el camino para narrar su primera novela, donde la protagonista es una niña afroamericana que sueña con tener los ojos del mismo color de su muñeca, los ojos de Shirley Temple. Así, en 1970, nos da a conocer ‘Ojos azules’, su primera novela.Toni Morrison no podía estar ajena a una de las músicas que más caracterizan la cultura afroamericana: el jazz. Su novela, con este título en 1992, provocó gran entusiasmo crítico, y la posterior concesión del Premio Nobel de Literatura a su obra en 1993.En ‘Sula’, podríamos identificar muchos caracteres propios de las mujeres de la Costa del Pacífico colombiano. Esa solidaridad que nace de pobreza compartida, y que les permite una fuerza particular, inclusive en la ternura. Cuitas de amor, aficiones musicales, sueños estudiantiles truncos, universidades comunitarias, dolor, segregación, y al fondo la risa, siempre la risa como sonido de cascabeles. Muchas de las protagonistas de las historias de Toni Morrison, están a medio camino entre la vida rural y el deslumbramiento de las luces urbanas. Que Jazz y libertad corren parejos, expresó alguna vez el genio de esta música, Thelonius Monk. En su enjundioso texto ‘El infinito arte de la improvisación’, Paul Berliner nos da a entender por qué esta música cautivó el gusto del mundo, cuando decidió no estar atada a ningún esquema, y permitió que sus ejecutantes hicieran en el escenario exactamente lo que le dictaba el alma, el sentimiento.

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