La tercera muerte

Marzo 07, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Que hacía mucho tiempo era difunto, que fue envenenado por sus enemigos, que una conjura internacional “le inoculó el cáncer” -según Maduro- son algunas de las consejas que corren hoy por el mundo con respecto a Chávez. Aunque se declaraba católico, seguidor de Jesús, Chávez practicó hasta el final de sus días las mismas liturgias heredadas de la vieja guardia comunista rusa y, bajo ese mismo manto, se anunció su muerte al mundo.Nadie puede decir, a ciencia cierta, si en verdad había fallecido en el pasado diciembre en Cuba, o si permanecía en una nevera a la espera de la reorganización de los cuadros chavistas en Venezuela.Chávez quería asegurarse, antes de morir, de dejar “una revolución bien amarrada” y por ello, antes de marchar a La Habana para su última operación, señaló a Nicolás Maduro como sucesor.A Chávez, muchas franjas de las fuerzas armadas venezolanas lo respetaban, por su formación castrense. Con Maduro será a otro precio. El ruido de botas que otro día parecía menguado, se escucha hoy con más fuerza en Caracas, máxime cuando los chavistas han salido a golpear civiles, a machacar periodistas, como es el caso de la comunicadora caleña Carmen Andrea Rengifo, herida por una turba lumpenesca e ignorante. La voz de la prensa democrática los atemoriza.De Stalin, quien falleció también en marzo, en el primer día de ese mes de 1953, se dijo que había sido envenenado por el ministro de asuntos interiores, Lavrentiy Beria. La historia dice que cenaba con Beria, Malenkov, Bulganin y Khruschev: “Tras retirarse a su habitación, Stalin tardó más de lo habitual en levantarse, y aunque a su guardia personal le pareció extraño, habían recibido órdenes de Beria de no molestarle. Un empleado de la guardia (Lozgachev) entró finalmente sobre las diez de la noche y encontró a Stalin tendido en el suelo. Lavrentiy Beria fue informado y llegó unas horas después, y los doctores no llegaron hasta la mañana del 2 de Marzo. Los médicos diagnosticaron que Stalin sufría una parálisis en la parte derecha del cuerpo. Finalmente murió el 5 de Marzo a las 21:50, debido a una hemorragia cerebral...”.El deceso de Mao también estuvo rodeado por la incertidumbre y las consejas. Falleció el 9 de septiembre de 1976 a la edad de 82 años, en medio de pugnas de poder. En ese escenario figuraba la denominada Banda de los Cuatro, liderada por Jiang Qing, la viuda de Mao, así como los grupos capitaneados por Hua Guofen y Deng Xiaoping, este último responsable de la apertura de China al capitalismo y base ideológica de la prosperidad de hoy. En cuanto a Vladimir Ilich Ulianov, líder de la revolución rusa, falleció el 21 de enero de 1924, a la edad de 53; cuatro años más joven que Chávez. Llevaba una bala en el cuello, cerca de la espina dorsal. Un análisis postmortem afirmó que padecía sífilis.Trotski afirmó que Stalin envenenó a Lenin a través de un tal Génrij Yagoda. Era claro que se había convertido en un estorbo para el tirano de Georgia; Lenin dijo en su testamento: “Tiene una autoridad ilimitada concentrada en sus manos y no estoy seguro que siempre sepa utilizarla con suficiente prudencia”, y sugería a sus camaradas sacar a Stalin. Sobre Trotski diría: “Quizá sea el hombre más capaz del actual Comité Central, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos”. No sé si fue García Márquez o Neruda, quien caricaturizó a Lenin en su mausoleo de la Plaza Roja, a donde miles acudían para verlo, congelado en el tiempo, como un muñequito de pasta, diminuto, con las mejillas sonrosadas, debajo de la hoz y el martillo.

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