¡La segunda economía!

¡La segunda economía!

Septiembre 13, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Después de conocer el anuncio del saliente Ministro de Hacienda, según el cual somos la segunda economía de Latinoamérica, después de Brasil -ya superamos a Argentina- empecé a darme unos aires primermundistas que hasta el celador de la cuadra lo notó.Como todos los días, bajé a buscar mi litro de leche y le señalé al tendero el número ‘dos’ con los dedos. Me miró con extrañeza, hasta que le dije, “leche al dos por ciento, mi hermano, semidescremada, estamos en camino de ser primer mundo...”. Su azoro fue mayor y se limitó a decirme: “Usted bien sabe, poeta, que aquí sólo vendemos leche entera; si no quiere que le pinte el vaso, échele agua...”.Miré en lontananza y sólo pude contemplar una fila interminable de carros que avanzaban Fátima abajo, a paso de tortuga; a lo lejos se escuchaban sirenas, voces. “Ni se atreva a sacar la camioneta, me dijo el celador, si no quiere meterse en un trancón de varias horas...”. Pensé entonces en un taxi, pero mi hermana venía desde el Sur y me explicó cuántas vueltas debió dar para llegar al Norte. Entonces entré al garaje confiado y desempolvé mi vieja bicicleta Raleigh. Chequeé el dínamo a ver si todavía, al girar la rueda, se encendía la lámpara, no fuera que me tocara regresar de noche, y alumbró, intermitente, pero alumbró. Avancé confiado, tratando de imitar el ritmo de Lance Armstrong, por la orilla del río; me bajé en inmediaciones del Obelisco y busqué ansioso donde amarrar la bici. Inútil; ni siquiera un árbol de tronco delgado para mi caballito de acero.Empecé a imaginar una ciudad con rutas bien demarcadas para bicicletas y motos, y pensé en Montreal, en Amsterdam, ciudades donde la gente anda en bici, cruza los puentes, los jardines públicos, camino al trabajo. Por un momento, soñé que la Alcaldía de la ciudad podría, con el soporte de fundaciones, bancos, oenegés, importar bicicletas y motos de bajo cilindraje desde China, y entregarlas subsidiadas a miles de trabajadores dispuestos a tomar un curso previo para rodar por la ciudad. Solución efectiva al problema del transporte y, en el caso de los ciclistas, efectos bienhechores en la salud.Pensé también en Ferrara, la ciudad italiana donde todo el mundo anda en bicicleta y son mayores los parqueaderos para éstas, que para los coches. Pedalean los sacerdotes, las monjas, el boticario, los escolares, los universitarios, los poetas, señoras de falda floreada y tacón discreto. El aire es mejor, menos monóxido de carbono, más músculo, en fin…Mi sueño primermundista empezó a esfumarse cuando traté de entrar al centro de la ciudad después de las siete de la noche; quise buscar un café donde leer los diarios, una revista, mientras paladeaba un cafecito. Aceras solitarias, calles lúgubres, dos o tres travestis en las esquinas de los templos, recicladores con el bulto al hombro, me pusieron los sueños a ras de tierra; el rumor cercano del río me hizo pensar por momentos en Sevilla, donde los cafés y las librerías trinan de regocijo después de las doce de la noche, y uno puede tomar un helado, de cara al Guadalquivir, mientras las madres primerizas pasean a sus bebés en coches y se detienen en los chiringuitos en busca de pescaíllas o anillos de calamar frito.No, no somos todavía primer mundo, pensé; es probable, que nuestro PIB esté por encima de Argentina, pero ellos leen más libros que nosotros; sus librerías, como en Barcelona, relucen en la noche. Nos falta cultura y, sobre todo, paz. Si Santos logra erradicar la pobreza extrema y hacer la paz con las Farc y con el ELN, quizá un día podamos salir de noche, amarrar la bici junto al río, y leer unos versos de Borges entre el aroma de las cadmias.

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