La hormona del amor

Febrero 26, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Que el asunto del amor no pasa por el corazón sino por el cerebro es uno de los grandes descubrimientos de este inicio de siglo, cuando ya poetas y compositores de boleros han maltratado a ese pobre órgano con todo tipo de calumnias e imprecisiones.Por fin neurólogos, sicólogos y siquiatras se ponen de acuerdo para identificar el lugar donde reposan la ansiedad, el deseo, el sofoco y el placer, y es en la glándula pituitaria, cuya secreción es regulada por las células del hipotálamo, para producir la que ya es reconocida como la hormona del amor: la oxitocina.El descubrimiento echa por puertas composiciones tales como ‘Corazón maltratado’, ‘Mucho corazón’, ‘¿Dónde estás corazón?’, ‘Con mi corazón te espero’, ‘Corazón de poeta’, “Amorcito corazón’, y tantas otras.Rectifica también un verso del poema veinte de Pablo Neruda: “Como para acercarla mi mirada la busca/ mi corazón la busca, y ella no está conmigo. Mi alma no se contenta con haberla perdido...”. O uno de sus sonetos: “Corazón mío, reina del apio y de la artesa, pequeña leoparda del hilo y la cebolla, me gusta ver brillar tu imperio diminuto, las armas de la cera, del vino, del aceite…”. El poeta y dramaturgo irlandés William Butler Yeats, tampoco se salvó de las corazonadas: “The lover tells of the rose in his heart…” (El amante habla de la rosa en su corazón).Según los neurólogos, la oxitocina parece estar en el aire, pues se libera fácilmente al contacto; es como un circuito eléctrico, una orden del cerebro que mediante neuroquímicos causa estímulos inmediatos entre personas que se abrazan, se dan un beso de saludo o se dirigen una mirada.Esta hormona, desde luego, potencializa las relaciones sociales. Se le culpa de ser factor de equilibro en el romance. Es la que permite el apego o ‘encoñe’ como lo llaman ahora, pues se libera de manera más fuerte al momento del orgasmo. Se le conoce también como la Hormona de la Fidelidad, pues su abundancia en un cerebro determinado, permite reconocer, en medio de un bosque de tentaciones, la dama indicada, la que ‘calza’ perfecto en el torrente neuroafectivo.También llamada ‘molécula afrodisíaca’ u ‘hormona de los mimosos’, está presente en la distensión del cérvix uterino y la vagina, durante el parto y el proceso de succión del pezón materno por parte del bebé, lo que la hace, igualmente, reguladora del proceso de lactancia.Aparte del vilipendiado corazón, por mucho tiempo se creyó que eran las feromonas las encargadas de ligar a los seres humanos, una teoría sustentada en los mamíferos. Toda relación de amor entre ellos se da a partir de una comprobación olfativa, lo que llevó a los perfumistas a producir aromas que pueden despertar deseos sexuales. Muy recientemente a una reconocida marca francesa se le fue la mano: acaba de producir un perfume con fragancia ‘seminal’.El problema de la oxitocina es que resulta antipoética. Estábamos ya acostumbrados al noble corazón, el cual se acomodaba bien a cualquier perfidia. Pero, no veo ahora a los noveles poetas diciendo por ejemplo: “Amada mía, tu recuerdo se demora en los núcleos supraópticos y paraventriculares del hipotálamo (donde nace la oxitocina), y esta lluvia se empecina en decirme que esto ya no es amor; es idolatría…”. Cosas así. En mi búsqueda acerca de esta novedad que sitúa el voltaje del amor en el cerebro y no en el corazón, encontré esta perla: “Dentro del enamoramiento, el cerebro de las personas libera oxitocina, encargándose de estimular el centro de recompensa que fortalece la unión monogámica...”.El corazón era gitano y vagabundo; la oxitocina no se dispersa. Inspira fidelidad.

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