La cholera del Nobel

La cholera del Nobel

Octubre 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

‘Cholera’ en inglés es cólera, mas en nuestra América mestiza, es un cambio de humor drástico, una propensión a la melancolía, un resabio o un capricho; quiere expresar un rasgo cultural de los ‘cholos’, como se denomina genéricamente a los nativos de América o sus descendientes.Por supuesto, Mario Vargas Llosa, el nuevo Nobel de Literatura, está lejos de montar en cólera, o de haber contraído la enfermedad del mismo nombre, que fuera motivo de una novela de su ex-camarada García Márquez, cuando imaginó una historia de amor imposible en medio de los estragos de la peste en Cartagena de Indias. Rebosa, por el contrario, de felicidad y optimismo por estar a punto de recibir el lauro mayor.En un título audaz la revista Semana hizo una paráfrasis de ‘La fiesta del chivo’, y puso bajo la foto de Vargas Llosa, lo que algunos consideran ominoso: “La fiesta del cholo...” Mas no fue un descendiente de Rafael Leonidas Trujillo, el dictador dominicano, el que le devolvió esta pelota envenenada al autor. El titular, producto seguramente de un ‘brain storm’ de consejo de redacción, tuvo la mala suerte de encabezar un texto iluminado de Marianne Ponsford, una de las plumas periodísticas y literarias más acertadas del país.El titular, origen de un debate intelectual hoy en Colombia, al cual han acudido ya Carlos Vidales desde París y Óscar Collazos desde Cartagena, no tiene, en mi concepto, ningún ingrediente ofensivo, ni tuvo, faltaba más, una mala intención. Reconoce, por el contrario, la naturaleza mestiza del Nobel, su indudable origen incaico. Se trata además de un asunto de contexto; Vargas Llosa puede ser ‘blanco’ en el Perú, pero en Europa su mestizaje, que sabe llevar con donaire y elegancia, es evidente. Como lo fue el de García Márquez, a quien trataban en París como inmigrante árabe.Sé que Vargas Llosa se siente orgulloso de su sangre indígena, como García Márquez de su mezcla racial, la misma que representa a nuestra América del Sur. Ninguno de los latinoamericanos que ha recibido el Nobel puede afirmar que era ‘blanco’ en el sentido de la palabra, pues estaban todos bañados por los ríos profundos de las etnias que han hecho aquí una amorosa amalgama. Gabriela Mistral, Miguel Ángel Asturias, Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Vargas Llosa, tocados todos por Mapuches, Mayas, Araucanos, Aztecas, Tlacaltecas, Caribes, Incas. A mucho honor. Como anotaba certeramente el notable poeta cubano Nicolás Guillén, “aquí el que no tiene Dinga, tiene Mandinga...” Obvio, Vargas Llosa no es el cholito de ‘Laura en América’ -cholito o cholita en Perú es una expresión cariñosa entre parejas-, el expoliado de ‘Conversación en la Catedral’, el exponente de la ‘cholada’ anónima al que los descendientes de la Lima virreinal ven todavía como un lastre social. Es claro que Vargas Llosa no conoció a su novia "en una pollada", pero jamás podrá sacudir de su humanidad el susurro quechua que corre por toda su obra como un chiflón de la sierra.Entre escritores se ha vendido la idea de un Vargas Llosa de origen noble, casi aristocrático, en Arequipa. Mas él mismo se encargó de desmentir la leyenda, en una extensa crónica en la que recordó cómo sus padres fueron también inmigrantes pobres en Estados Unidos, a los que les tocó fregar pisos y limpiar apartamentos. Alfredo Bryce Echenique, el otro gran escritor peruano, sí pertenece a una familia muy rica, otro día propietaria de bancos.

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