La babilla de Ciudad Jardín

Octubre 15, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Dentro de diez días Cali tendrá nuevo alcalde y a nadie se le ha ocurrido dispararle un somnífero al cocodrilo que vive en una laguna en Ciudad Jardín, para sacarlo de ahí y devolverlo a su hábitat en el Amazonas o en los pantanos del Pacífico.En torno al animal se cuentan muchos mitos. Uno asegura que fue la travesura de un traqueto. No se sabe si el tipo puso la parejita ahí, y lo que la gente cree, es un saurio, son varios los que ya viven ahí, como si estuvieran en mitad de la selva.El asunto no es para reír; no. Se trata de un animal altamente peligroso en medio de una zona de la ciudad densamente poblada. Recientemente, el cocodrilo fue visto en misa. Dicen que salió hasta inmediaciones de la iglesia, ante el pánico de los feligreses que abandonaron el lugar precipitadamente. A veces creo que Cali se ha tomado este asunto deportivamente y ve de manera compasiva y hasta humorística el asunto, pero las orillas de este lago son visitadas a veces por niños con sus nodrizas. Otros optan por evitar un descanso cerca del lugar. Mucha gente va por ahí a leer, a esperar la llegada del atardecer en las bancas dispuestas en el parque, sin saber que algún momento pueden protagonizar una escena a lo Indiana Jones, sólo que no tendrán la estaca para neutralizar las fauces, ni la fuerza para dominar a la bestia. Si llega a ocurrir, la existencia de un cocodrilo en el lago de una zona residencial de Cali, dejará de ser venial. No distingo bien entre un cocodrilo, una babilla, un yacaré, un caimán o un tulicio. Entiendo sí que se trata de la misma familia. En Florida, Estados Unidos, son frecuentes los ataques de estos animales, sobre todo en casa de quienes viven cerca de los pantanos, de los Everglades. Es frecuente que ingresen en las piscinas. Pero existe ahí un departamento de lo que llaman Wild Life -vida salvaje- que rescata al animal y lo devuelve a su lugar. En tiempo de Semana Santa, muchos colombianos comen babilla sin saberlo. En las ciudades se vende ‘pescado seco del Magdalena’, cecina que viene realmente del Amazonas y en la que se mezclan carnes de todos los peces de ese gran río y también babilla. En Florida es comestible. Asegura el mito que este era uno de los manjares favoritos de Tutankamon, quien pedía adobarlo con miel de abejas. En el Pacífico, particularmente en la zona de Barbacoas, abundan en los pantanos del río Telembí, el Juajuí, y la zona de Guelmambí. Ahí los nativos lo comen guisado en leche de coco, o ahumado.Alguna vez, en una de las carreteras que van de Vermont a Canadá, encontré un curioso aviso sobre un quiosco, un pequeño negocio atestado de carros y turistas: ‘Alligator’s Burger’. Me detuve porque en ese momento la vida me daba la oportunidad de probar, por fin, una hamburguesa de cocodrilo. La propietaria era una vieja hippie con pañoleta verde y jean remangado. Le pregunté de dónde traía esta exótica carne para sus hamburguesas, y manifestó que se la enviaban congelada desde los Everglades, que se trataba de carne legal, capturada con las licencias que da el gobierno de Estados Unidos para extraer el mayor número de saurios, en una época del año, para consumo humano. Quiero decir que la carne de babilla, caimán, cocodrilo, yacaré o tulicio, es deliciosa. Y claro, muy sana, porque este animal sólo se alimenta de peces. Es como degustar una hamburguesa de pescado. Sabe a corvina, a pargo rojo. Notifico que no tengo ninguna intención gastronómica con la babilla del lago de Ciudad Jardín; sólo pido que la devuelvan a su lugar de origen, al reino de los lagartos.

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