La acribillada paloma

La acribillada paloma

Abril 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

No hay que ser ‘uribista’ ni ‘enemigo de la paz’, para preguntarse a cuántos militares más debe asesinar la guerrilla de las Farc para entender que este es un proceso fallido, una entrega de Colombia a un grupo de sinvergüenzas expertos en repartir miseria.Porque otra cosa no han hecho sus adláteres en Venezuela y en Cuba -¡por más de 50 años!-; hundir al pueblo en la total carencia mientras ellos prueban aquello que siempre denostaron desde su ‘filosofía’ socialista: buen champán, caviar de beluga, motocicletas Harley Davidson, autos de alta gama y vacaciones en el Caribe pagadas por el pueblo colombiano.Me pregunto si los colombianos no estamos hartos de la fotico de los ‘negociadores’ en La Habana, los mismos que salen siempre por el mismo pasillo con unos maletines -¿qué llevan dentro?- con guayaberas bordadas, la barriguita que denota poco ejercicio y demasiada ingesta, y la sonrisa cínica lista para decir a los medios: “Fue un acto defensivo; apenas una escaramuza; aún no tenemos noticias; es probable que se trate de una columna disidente…”.¡Por Dios!, si la foto en primera página -ojalá la veamos- de diez ataúdes cubiertos con la bandera colombiana no es suficiente para cancelar un espurio proceso de paz, hecho que ocurriría en cualquier nación civilizada, entonces qué estamos esperando. Mientras tanto, las madres continuarán enterrando a sus hijos, los que no contarán ya en el futuro de esta pobre patria.Nos tapamos los ojos, igual que la guerrilla, igual que el gobierno, para no aceptar que hemos tocado fondo, como lo reconoció recientemente el escritor Fernando Vallejo. Él tiene demasiadas diferencias, no con su país sino con la condición humana. Porque lo conozco y sé que puede pasar por un sacerdote que acaba de colgar sotana -en su discurso personal, amistoso y manso, Vallejo difiere kilómetros de la salva de artillería que ejecuta cuando escribe- entiendo que desde siempre ha sido un provocador. Pero, en la maraña sulfurosa de su diatriba no podemos negar que encontramos más de cinco verdades, las mismas que los medios enmermelados se dedican por estos días a negar. Situación similar se da frente a la verticalidad del periodista Raúl Benoit, a quien no le respetan ni un milagroso despertar de un coma inducido, para endilgarle epítetos como “enemigo de Colombia”, “apátrida”. Sólo porque decía la verdad de nuestro país mientras era corresponsal de Univisión. Debió salir hacia Estados Unidos después de un atentado que sufrió en Cali.Al parecer, la posición “políticamente correcta” en Colombia hoy es aprobar de manera ciega un proceso de paz con una contraparte que entra en los pueblos y mata, que mina los campos y deja niños lisiados, mientras afirman desde La Habana que son la bandera del desminado. Lo correcto es pensar que somos uno de los pueblos “más felices” del planeta, que la corrupción no existe, que los guerrilleros son ahora mansas palomas, que Buenaventura, el puerto principal en el Pacífico, no tiene escuelas, y a cambio padece un desempleo del 80%, pero tranquilos, esta no es una bomba de tiempo; ese pueblo generoso, honrado, esta raza alegre y juguetona, sabrá soportar por 100 años más las vicisitudes del destino, amparada como está en sus ritmos vernáculos -qué lindo es currulao-, en “su gastronomía que ya conquista los paladares más exigentes del mundo…”. Cada vez me convenzo más que, entre nosotros, lo maluco es decir la verdad, la gran damnificada de esta Jauja promisoria. Lo triste de todo, en serio, es pensar que en unos años podemos estar como Venezuela. Por ahora, debemos esperar, con Santos, a que el proceso esté bien maduro.

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