Juanes es chocoano

Julio 22, 2010 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Fue bonito ver a más de cinco mil chocoanos en el coro de Juanes, junto al Atrato, un río que evoca riqueza y dolor al tiempo. Con Juanes, cantaron las maestricas que navegan diariamente para ir a enseñar a unos niños que Colombia no conoce, corearon con él las cantadoras de Andagoya, las panaderas de Tadó y Condoto, las mismas que amasan bizcochos en forma de tortugas; los bogas del San Juan frente a Andagoyita, donde la compañía minera Chocó Pacific imaginó una vez una aldea de California, con casas de techos cónicos construidas con pino canadiense.Viendo a Juanes de frente a las palmeras y el río, me pregunté adónde fueron aquellos buenos profesores chocoanos que una vez pertenecieron a todas las escuelas de Colombia y que enseñaban con mística de misioneros. Del olvido y la negación de Patria, las escuelas Normales enviaban a estos educadores. Pienso en Víctor Tomás Urrutia, quinto de primaria, una mañana en el puerto, y su petición de un minuto de silencio por la muerte de ‘Bob’ Kennedy. Luego lo entendería en las fotos de ‘Life’. Este Kennedy, como Clinton hoy, gustaba de vivir entre la gente negra de los ghettos y se desabrochaba la corbata en el platón de camionetas que recorrían el Bronx, con las Panteras como escolta.Y, claro, este concierto de Juanes me recordó también a uno de los chocoanos más cultos y mejor hablados que ha vivido en Buenaventura; Sergio Isaacs Truque, padre de Carlos Arturo Truque, autor de ‘Sonatina para dos tambores’, abuelo de Sonia Nadezhda. El Atrato es Jairo Varela, el músico colombiano con mayor reconocimiento en el exterior, Alexis Lozano, Nino Caicedo. Atrato son las Fiestas de San Pacho, Euclides Lozano, los clarinetistas de las bandas de bombo y platillo que recorrían las fiestas de la infancia. Sin clarinete chocoano no había alegría y esto lo sabía Peregoyo, quien vinculó al sonido de su Combo Vacaná el sonido dulce, femenino, del clarinete.Hubo un tiempo en que salir de Cali en una avionetica Piper, para caer en el aeropuerto ‘Mandinga’, de Condoto, tenía los visos de una aventura. Quería escribir acerca de las compañías mineras en el Chocó y ahí me esperaba Manuel Pereiro, hermano de ‘Anuncia’, más conocida en la televisión colombiana como ‘Carmen de Lugo’, padre de Nhora Perfecta y de una familia maravillosa, con la que pude navegar río abajo, con paraguas y hablando a voces, forma de atenuar el ruido del temporal. Los Pereiro me mostraron ese Chocó desconocido que otro día había querido enseñar Bernardo Romero con ‘Candó’, su precoz telenovela.De las cosas que se aprecian en la condición humana, la originalidad ocupa un lugar visible. Bautizar un niño en el Chocó tiene una gracia infinita. Alguna vez le pregunté a Nhora Valdés de Pereiro, por qué había nombrado ‘Perfecta’ a su hija, una de las más bellas reinas del Chocó, y me dio una respuesta sencilla: “Cuando nació, me pareció perfecta…”.Llovía en Andagoya, todos los días, y cuando amainaba el palo de agua, en las tardes, empezaban a repicar las guitarras en los solares. En el viejo casino de la Choco Pacific todavía se oía entrechocar bolas en el ‘Billar Pool’, alguien destapaba una botella de ‘Platino’ y con el sabor anisado del licor, venían las canciones, “chocoanita, chocoanita encantadora…”.Con este concierto a río abierto en Quibdó, Juanes nos acaba de recordar algo que sabemos, pero que es necesario reafirmar en Colombia, después de 200 años de historia: que todos somos atrateños.

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