Hugo Salazar Valdés

Hugo Salazar Valdés

Enero 17, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Este 8 de febrero se cumplirán 21 años del fallecimiento del poeta Hugo Salazar Valdés (Condoto, 1922), quien junto a Helcías Martán Góngora se constituyó en una de las voces poéticas más reconocidas del Pacífico colombiano.

Fue subdirector de la Biblioteca Nacional y coordinó también la revista del Teatro Colón. Varias generaciones de caleños lo recuerdan por su poesía, la misma que el escritor y catedrático Fabio Martínez describió como “canto al mar, a la selva, a los pueblos negros; mundo que lo distancia del centro para convertirlo en un poeta excéntrico con la poesía afrodescendiente inaugurada en el continente americano por Candelario Obeso, Nicolás Guillén y Luis Palés Matos…”.

Tuve la fortuna de estar cerca del poeta poco antes de su muerte en Cali. Lo invité a un recital en Buenaventura, junto a Horacio Benavides y Aníbal Arias. Íbamos a empezar la lectura y debí buscarlo por los pasillos del Grand Hotel. Lo encontré arriba, acodado en el balcón. Me dijo que se había tomado un tiempo para “contemplar el mar…”.

Conservo esa imagen: miraba a su viejo mar que le traía tantos recuerdos de juventud. Lo vi por primera vez en el puerto a inicios de los 70. Los estudiantes del colegio Pascual de Andagoya fuimos a escucharlo en la Casa de la Cultura que entonces estaba en el barrio La Merced diagonal al coliseo. Aquel fue un encuentro de prodigio, pues entre él y Martán presentaron a un nuevo poeta del litoral: Alfredo Vanín Romero.

Mucho escribió durante toda su vida y al final creó unos sonetos del buen amor, de impecable factura. Sólo que en las lecturas la gente, como a los cantantes, le pedían su poema cumbre ‘La negra María Teresa’, el que le significó ingreso a la antología de los grandes poetas negros de América, junto a Nicolás Guillén, Langston Hughes, Jorge Artel, Emilio Ballagas.

Vivía orgulloso de esa edición realizada por ‘Aguilar’, en papel de arroz, orgullo que también sentían sus alumnos del colegio Santa Librada. Contó entre sus mejores amigos a Esteban Cabezas Rher, Julio Vacca y Silvano Garcés Rentería.

Salazar Valdés estudió en Popayán y fue alumno de Rafael Maya; cultivó la amistad del poeta Dámaso Alonso. Un poema, hijo de los barcos, ‘Historia de Mary Bann’, era repetido por sus admiradores como se tararea un bolero: “Fue en un amanecer de libaciones/ con marineros y guitarras/ marimbas y tambores. Era una moza de candela y rosa que danzaba la danza de los cuentos. Mary Bann se llamaba/ la rumba se sumaba al embrujo de sus caderas fértiles/ que en bárbaras cadencias prendía hogueras de sol en el cerebro…la llama de su boca despertaba la fiebre de los besos/ y encendido deseo de naufragio, la marea bicorne de su pecho… como un audaz grumete de oleajes/ en la febril ribera de sus brazos, anclé la ansiosa proa de mi nave/ y en espiral de buzo loco, la tropical herencia de mi sangre, descendió a sus abismos… Fue en un amanecer de libaciones, con marineros y guitarras, marimbas y tambores…”.

Con su partida, se clausuró una generación iluminada de poetas del litoral, acompañada también por Guillermo Payán Archer, Helcías Martán Góngora y Faustino Arias Reynel, entre otros.

A las seis y media de la tarde del 8 de febrero de 1997, el poeta dijo adiós, con un verso que tenía el treno de un epitafio: “Toma mi mano marinera/ que llegó el tiempo de zarpar/ y están llamando en la ribera, las emociones del mar. Es mi velamen tu recuerdo/ y tu marea mi corazón/ más parto, sí, porque en el puerto, he prometido el corazón…”.

Entre sus libros se cuentan Carbones en el Alba, Dimensión de la Tierra (1952), Casi la Luz (1954); La Patria Convocada (1952); El Héroe Cantado (1956); Toda la Voz (1958); Pleamar (1975); Las Raíces Sonoras (1976) y Rostro Iluminado del Chocó (1980).

Sigue en Twitter @cabomarzo

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