Grecia es eterna

Julio 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Si nos atenemos a la Lógica y la Verdad, esos dos pilares que desentrañó Grecia para fundar el pensamiento occidental, sabemos que la enorme deuda que hoy arrastra este pueblo, es material -y espiritualmente-, impagable.Once millones de griegos despiertan todos los días preocupados por tributarle a la ‘troika’ conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, la bobadita de 324.000 millones de euros, mientras la UE les exige “mayores sacrificios” y la pobreza campea ahí donde brilló el oro de la palabra y el pensamiento.El referéndum al que se ha convocado, seguramente traerá el No en su decisión final, lo que significa que Grecia quedará al margen de la comunidad europea y de la denominada “zona euro”.La cesación de pagos es inminente, los bancos están ilíquidos, mientras la nación exhibe un penoso índice del 30% en desempleo, envueltos todos en la maraña de gobiernos mesiánicos, lejanos de la estructura económica trazada por la UE en 1999 para enfrentar unida el futuro.Su historia delante de la ‘economía’, de la realpolitik, habría que resumirla en los géneros lírico, épico y dramático. Así que el mundo no debe llamarse a sorpresa. Grecia sobrevivirá y puede reeditar su dracma, sus moneda tradicional, las cabras seguirán pastando en Mikonos, Ikaria y Astipalea, alguien dirá que vio un fantasma semidesnudo en el alba de Atenas, con dos antorchas, “buscando a un hombre”, -como otro día Diógenes-, el Partenón seguirá ahí y en las cocinas continuará ese tufillo antiguo de olivas negras asadas con aceite y trozos de pulpo.Es probable que nos estemos acercando, a la primera sociedad íntegra y autosuficiente donde el dinero y los bancos no signifiquen nada y los nuevos hombres puedan demostrar que es posible vivir sólo de amor, de fraternidad y de valores humanos. Si Grecia triunfa en ese camino, el efecto dominó, en este caso bienhechor para el futuro de la humanidad, nos dirá que estamos en la alborada de un nuevo valor de cambio: el de la leche de cabra compartida y las huertas de todos, como quería Anaxágoras: “Todas las cosas participan de todo, mientras que la inteligencia es infinita y se gobierna a sí misma y no está mezclada con nada”. El destino de Grecia es el destino de los poetas; ha cantado toda la vida, ha templado su laúd para que el resto de la raza humana viva mejor, pero hoy el pragmático dueño de casa la ha convertido en esclava, por “vaga, difusa e indisciplinada…”.Así como Grecia nos enseñó a pensar, a perdonar, a elevar el espíritu con la cítara y la poesía, a construir de manera preciosa, a soslayar otros mundos en el titilar de las estrellas, a representar la vida a través del drama y el teatro, a vivir mejor de acuerdo a la voluntad de las mayorías, eso tan imperfecto, pero tan vigente, que hoy llamamos democracia, sabrá vivir sola, sin euros, pero con la solidaridad del mundo.Desde el pasado, un hijo suyo, Tales de Mileto, repite: “La esperanza es el único bien común a todos los hombres; los que lo han perdido todo, la poseen aún...”, mientras Aristóteles le contesta, para reconfirmar el mundo que hoy han elegido: “El único Estado estable es aquel en que todos los ciudadanos son iguales ante la ley”. No es necesario acudir a la física de Arquímedes, al Heliocentrismo de Aristarco o a los pensamientos de Praxíteles, para entender que lo que se discute hoy ahí no es la supervivencia de un pueblo, sino la utilidad de los bancos como organismos rectores de la vida y de los sueños.El temor no es de los griegos; es de los usureros que se niegan a la posibilidad de fundar un nuevo orden mundial. No en vano esta crisis coincide con la conjunción de Venus y Júpiter en la noche del pasado martes. Hiparco y Heráclides podrían decirnos mucho acerca de esto.

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