Frechette se despacha

Enero 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“Nunca dije que Colombia era una mierda”, dice, y tilda al periodista Mauricio Vargas de “mentiroso”, por haber “inventado” esta afirmación en una serie de reportajes que le concedió.Le tocó a Frechette una de las épocas más convulsas de Colombia en los últimos tiempos, la del proceso 8000 y los dineros del Cartel de Cali en la campaña presidencial de Ernesto Samper, además del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Fue embajador de los Estados Unidos entre julio de 1994 y 1997.Ahora, en el libro de Gerardo Reyes, director del equipo de investigación de Univisión, da respuesta a muchas preguntas, las mismas que hubieran sido quizá incómodas en el tiempo de su tarea diplomática.Pocos embajadores son hoy tan recordados aquí; tenía el perfil para involucrarse hasta el fondo en la realidad nacional. Hijo de un ingeniero civil que trabajó en las minas de cobre de Chile, su madre nació en Rancagua. Por ello, sorprendió al país con un español perfecto, casi coloquial, pleno de expresiones regionales. Católico, visitaba el café Oma después de misa, y sorprendía a los niños de su vecindario, en tiempo de Halloween, disfrazado como un vampiro. En este libro, recuerda cómo el narcotraficante Justo Pastor Perafán, le solicitó una entrevista privada, en su afán por evitar la extradición. Frechette dice que Perafán llegó ahí con un baúl de fotografías, donde aparecía, “con una bufanda que le llegaba hasta las patas” (sic), con muchos personajes de la vida nacional. Entonces, Perafán era muy querido en Bogotá. El Congreso lo había condecorado, aparecía en fiestas sociales y patrocinaba viajes de políticos al Asia, en plan de “exploración de tecnologías y mercado”. Era reconocido como un “industrial camaronero”.Nunca supo si fue realidad o “chiste flojo”, la invitación que le hiciera el presidente Samper, a pasar un fin de semana en la Casa de Huéspedes de Cartagena, “con unas viejas…”, para que se conocieran mejor.Uno de los periodistas colombianos peor librados en estas memorias escritas por Reyes en formato de entrevista, es Antonio Caballero. Frechette dice que siempre le pareció “muy provinciano”, particularmente por una columna que escribió donde revelaba un gran descubrimiento: las hamburguesas.Cuando era niño, llegó por primera vez a Colombia en 1939, en un buque de la Grace Line que recalaría luego en La Habana. De Buenaventura, expresa: “Me horrorizó la pobreza de ese lugar”. En la segunda ocasión que recaló en el puerto con su padre, en 1947, quisieron saludar al cónsul de Estados Unidos –en aquella época todos los consulados estaban en Buenaventura- y fueron perseguidos por un grupo de mendigos. Su padre le decía que caminaran rápido porque quizá eran leprosos. La mención es imprecisa, pues no se conoce de brotes de lepra en esta parte del Pacífico, pero sí del pian, una enfermedad degenerativa. Para evitar el contagio, las autoridades portuarias y de salud ordenaron construir un puente por el que llegaban los enfermos, procedentes de los ríos del litoral. Se le conoció como “el puente de la antipiánica”.Al caudillo Álvaro Gómez Hurtado lo recuerda como “un hombre que me inspiraba mucho. Yo le tenía un gran respeto. Era un hombre de gran solidez, que decía lo que pensaba”.Su impresión acerca del actual alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, es bastante favorable. Dice que lo conoció en Nueva York, que su discurso lo hizo pensar en una figura con todas las condiciones para ocupar la presidencia de Colombia.Revela que a veces es muy conveniente “pensar en español”; en su niñez chilena, aprendió a querer la música de Carlos Gardel y de Ernesto Lecuona.

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