Feliz, aunque casado

opinion: Feliz, aunque casado

“¿Habrá algo mejor que hacer el amor?”, se pregunta alguien en las...

Feliz, aunque casado

Marzo 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“¿Habrá algo mejor que hacer el amor?”, se pregunta alguien en las páginas de ‘Cómo ser feliz aun estando casado’, y la respuesta a esa pregunta tan interesante, es, “si hubiera algo mejor, ya se sabría…”.Feriva acaba de reeditar éste, el libro de Juan José Saavedra, con prólogo de Ernesto Fernández Riva. Saavedra Velasco, con una prosa nítida, cita a Pablo de Tarso, a Tomás Cipriano de Mosquera, a Napoleón, al Califa Aben Habuz, a Myke Tyson, para hacernos pensar y reír al tiempo, en ese ejercicio de las neuronas que heredó como un blasón, de esta tradición cultural payanesa que recibimos primero de España, y luego de Francia; esta manera noble de dar múltiples aristas a la palabra. Hay quienes ríen con un chascarrillo superficial y peregrino, pero pueden llegar a la ira o la molestia si le explican, en detalle, lo que ello traduce en buen castellano.Popayán, donde nació Juan José, es el lugar de Colombia donde es menester poner atención a lo que se dice y cómo se dice, pues la conversación, aparte de ser un registro de usos, costumbres, paisajes, memorias, se convierte de pronto en una fulgurante esgrima, donde el dialogante debe mantener la guardia alta, siempre, y la agudeza vigilante. El notable humorista estadounidense, Dodley Moore, decía que existen dos cosas por las que vale la pena vivir: la comida china, y las mujeres.Pienso, debió agregar, “y el privilegio de la risa”, la misma que distiende arrogancias, abre puentes, fumiga la amargura y permite que al corazón y el cerebro llegue un oxígeno de mejor calidad.En el mundo del humor escrito no hay escuelas, pero los ingleses siguen pensando que Gilbert Keith Chesterton y Bertrand Russel, dejaron un legado, un ejemplo a seguir. Debo confesar que una aproximación a los textos de los hermanos Marx, puede ser mejor que una cena opípara, y no conozco, ya en el mundo histriónico, mayor favor para el alma que el arte de Buster Keaton, o el de Charles Spencer Chaplin. Si griegos como Epicteto, Menipo o Luciano de Samosata cultivaron la sátira, como resultado del sermón moral o la diatriba, aquella no fue menos iluminada en creaciones como ‘El banquete de los gramáticos’, o ‘El elogio de la necedad’ de Erasmo de Rotterdam.Quienes leemos a Boccacio, a Aretino o a Cervantes, a Mark Twain o Rabelais, como genuinos humoristas, sabemos lo que quiso decir Russell, cuando apostrofó: “No quiero que me tomen en serio sólo cuando me pongo solemne…”.Entre amigos, le preguntamos a Juan José si es cierto que se acuesta imaginando una nueva frase, un calambur, un nuevo giro al idioma, un apunte, una novedosa homonimia, una chispeante polisemia, y responde que buena parte de su artillería no es personal, que la ha tomado de otros y que se permite, con frecuencia, recrear pensamientos ajenos. A diferencia de quienes en la península practican el arte del ‘taco’, no cae él en abismo de la vulgaridad, ni se deja tentar por los cantos modernos de lo soez. Muy por el contrario, su prosa cuida el decoro, teme al ditirambo. Más Popayán que Sevilla, más Arcipreste que Palemón, nos da una lección diaria de gallardía, de franqueza. A diferencia de Luis Carlos ‘el tuerto’ López, quien, mientras limpiaba un arma, vio pasar a un sacerdote por la acera del frente, y preguntó, “¿y ahora qué hago con este fusil?”, Juan José no hace ninguna pregunta. Cree tener todas las respuestas, y sus amigos, piadosamente, le permitimos éste, que es el recurso de la insolencia. Para algo debe servir la amistad.

VER COMENTARIOS
Columnistas