Estriptis para el difunto

Estriptis para el difunto

Febrero 28, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Tuve un pariente que estuvo a punto de volverse inmensamente rico en tiempos de la bonanza marimbera, no porque sacara avionetas llenas de yerba hacia el exterior o bailara prendiendo billetes de cien dólares en la rueda de la cumbiamba, sino porque inventó una empresa de pompas fúnebres que iba por toda Alta Guajira haciendo presencia en funerales de capos que entonces caían como moscas por esos andurriales.

Cervantino a morir, mi pariente resucitó para estos tiempos a las plañideras, las mismas que iban de riguroso luto por esos polvorientos caminos, para ofrecer su nota lastimera en el último momento. La tarifa del llanto se incrementaba según fuera el patetismo que mostraran estas mujeres entre los dolientes. El instante más costoso incluía “berridos desgarrados con conatos de asfixia, sacudida de ataúd con privada final y venteo…”.

En algunas provincias de España se creía, a mayor dolor y multitud en las exequias de un personaje, mayor su reputación, más grande su memoria. Y en ese punto las plañideras cumplieron un papel fundamental. La gracia consistía en no dejar notar que eran contratadas, sino que eran parte de esa familia olvidada y doliente.

A mi pariente lo sacaron a tiros de ese escenario, pues la competencia de funerales se hizo insoportable y en su momento debió importar “charros de palenques mexicanos” que hacían bailar caballos alrededor del féretro, mientras cantaban ‘El rey’ o el ‘Corrido de Lucio Vásquez’. Las tribus enfrentadas de entonces descubrieron que se trataba de ‘mariachis chimbos’, traídos de El Queremal y Argelia, Valle.

He dado en recordar esos tragicómicos sucesos ahora que China acaba de prohibir la presencia de estrípers en los entierros. En algunas zonas rurales de ese inmenso país se cree también que el gentío en un funeral denota la importancia del difunto, y para atraer pueblo algunos deudos contratan mujeres u hombres que bailan y se desnudan a medida que transcurre el cortejo. Además de convocar multitud con estas puestas en escena, los chinos asocian la música y el baile con la fertilidad y un mejor pasar en el más allá.

Según acabo de enterarme por una noticia de la BBC, “en 2006, los líderes de cinco compañías de estrípers en la provincia oriental de Jiangsu fueron detenidos luego que centenares de personas asistieron al funeral de un hacendado en el que realizaron estriptis”.
Hace tres años, en 2015, pueblos de las provincias de Hebei y Jiangsu se hicieron célebres en las redes sociales cuando fueron reproducidas escenas de ‘actos obscenos’ en funerales.
La BBC anota que hoy la nueva campaña del Ministerio de Cultura de China está centrada en Henan, Anhui, Jiangsu y Hebei, donde abrió líneas telefónicas para delatar estos entierros modernos que al parecer ofenden la tradición. El gobierno ofrece recompensa a quienes denuncien estas ‘fechorías’.

Cuando nuestros antepasados se marchaban, se iban literalmente con todo; mujeres, hijos, semovientes, joyas, comida. Las tumbas de algunos capos colombianos tienen aire acondicionado, luces intermitentes, canciones que suenan ininterrumpidamente, fotos de ‘naves’ y caballos.
García Márquez recordó en su discurso Nobel al general mexicano Antonio López de Santa Anna, quien ordenó funerales de Estado para una pierna que perdió en La Guerra de Los Pasteles, y en las tumbas egipcias cada vez se encuentran mayores hallazgos de ese deseo de prolongar la vida más allá de la muerte; ánforas que otro día contuvieron perfumes y esencias, mesas dispuestas para un banquete.

Mientras en Siria y otros lugares del mundo se abren fosas comunes, la bonanza económica china da ahora para armar parrandas en los cementerios. Los estrípers salieron de los bares y las fiestas de solteras y ahora aumentan sus ingresos en los camposantos. Mundo loco.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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