El último pacifista

El último pacifista

Junio 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Todavía resuena en las barriadas de Johannesburgo el estribillo de la canción ‘Welcome home/ Míster Mandela’, que dio la bienvenida a quien pasó 27 años de su vida en la cárcel, por el delito de disentir con respecto a uno de los últimos regímenes racistas del mundo.Cualquier tipo de racismo resulta obsceno hoy, pero este se practicaba precisamente en la tierra expoliada de África, en el continente donde ingleses, holandeses, españoles y portugueses, entre otros, sojuzgaron por años a las tribus nativas, para traerlas en condición de esclavas a Europa y América. Hermano de Gandhi y de Martín Luther King Jr., Mandela logró algo que quizá jamás imaginó, cuando soportó con estoicismo la cárcel; llegó a ser presidente de Sudáfrica, en elecciones vigiladas por el mundo civilizado. Su figura adquirió rápidamente, fuera de prisión, la imagen de un santo en vida. Como Gandhi. Su palabra fue ley, respeto, devoción, camino; más, nunca se permitió actitudes vindicativas. Fue mensajero de paz. Abogado, se inspiró en Johannesburgo en los métodos de desobediencia civil aprendidos del Mahatma. Su familia lo inspiró con sólidos valores morales; bisnieto del rey Mgubengkuka, es llamado familiarmente ‘Tata’. Cuando estudiaba secundaria empezó su rebelión contra el ‘Apartheid’; fue expulsado por participar en una huelga. Después de la universidad, se convirtió en consejero de muchos jóvenes negros víctimas del régimen, quienes acudían a su oficina de abogado en busca de ayuda.Cuando es puesto preso en 1962 por ‘sabotaje’ y otros cargos inventados, su imagen empezó a crecer dentro de la prisión, hasta ser considerado la figura más importante de la resistencia africana. Aunque era llevado de una cárcel a otra, buena parte de su confinamiento forzado lo pasó en la isla Robben, sometido a trabajos forzados en una cantera de cal. Fue liberado el 11 de febrero de 1990, e inmediatamente se puso a la cabeza de su partido, el mismo que ganó por abrumadora mayoría en las primeras elecciones libres de Sudáfrica en toda su historia, en 1994. Gobernó hasta 1999. En 1993 la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de la Paz, además de recibir múltiples condecoraciones de los gobiernos del mundo.Mientras estuvo preso, el Reino Unido frustró un plan del gobierno sudafricano para asesinarlo. Le habían tendido una trama en la que supuestamente él se daría a la fuga, para luego ser dado de baja en la recaptura. Los servicios secretos británicos advirtieron de este exabrupto. Cuando es trasladado a la prisión de Robben en 1982, con él fueron encarcelados otros líderes pertenecientes a la Asociación Nacional Africana, como Walter Sisulu y Raymond Mhlaba. El poder sudafricano trataba de impedir, a toda costa, la influencia de estos líderes en la juventud del continente africano. Sus memorias se constituyeron en uno de los libros más leídos de autor africano alguno. Casado en tres ocasiones, se divorció de Winnie, a inicios de los 90, por escándalos extra gubernamentales. Con ella tuvo dos hijas; Zindi y Zindsiswa. En sus 80, volvió a contraer nupcias con Graça Machel, la viuda del que fuera presidente de Mozambique.Uno de sus hijos falleció en accidente automovilístico y otro padeció de una enfermedad asociada al Sida, hasta morir. De esta vida trágica, no obstante, Mandela ha sabido extraer lecciones de templanza y es mirado en África como un abuelo sabio, presto a dar consejo cuando se le requiere.En julio próximo cumplirá 95 años; nació el 18 de julio de 1818 en Mvezo, una aldea de no más de 300 personas. El mundo ora por su salud; el estado crítico que le causara una neumonía, mantiene a Sudáfrica en vilo.

VER COMENTARIOS
Columnistas