El retorno de Uribe

Agosto 15, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Si las elecciones fueran hoy, el Uribismo redivivo en el candidato de esta colectividad, arrasaría en las urnas.Se pueden preguntar los motivos de dicho axioma, y las respuestas están a la vista: Juan Manuel Santos inició una presidencia de grandes auspicios, con 9.004.221 votos endosados en su mayoría por Álvaro Uribe. Todo hacía pensar que continuaría el programa de Seguridad Democrática iniciado por su mentor. Santos, además, venía de ser su ministro estrella. El punto máximo de su popularidad lo alcanzó con la liberación de Íngrid Betancur y otros secuestrados, en una operación -así lo afirman- fruto de su propio magín. Estuvo en primera línea de combate contra la guerrilla. Salía a cobrar las bajas antes que Uribe; ‘Raúl Reyes’, arrasado en territorio ecuatoriano, además de otros cabecillas y, la muerte en combate, ya en su gobierno, de ‘Alfonso Cano’, tenido como sucesor de ‘Tirofijo’.No es preciso certificar en qué momento Santos se desmarca de Uribe y decide dar el timonazo que acabó con su popularidad en menos de un año. Sin duda, dos hechos han contribuido notablemente a esta pérdida del favor popular: el pésimo manejo territorial con Nicaragua, circunstancia que permitió el envalentonamiento de Ortega -habla ahora de comprar aviones de combate y otros equipos bélicos para hacer respetar la franja marina y submarina que ganó en La Haya- y las gabelas dadas a las Farc, una guerrilla que muchos creían a punto de disolución, con el cartelito de la rendición listo a la menor escaramuza.La guerrilla, es claro -quién lo creyera-, ha tomado un segundo aire gracias a Santos, quien como ministro de Defensa de Uribe la combatió ferozmente en el pasado; desde La Habana pretenden trazar un nuevo país en el que la soberanía democrática y la propiedad privada aparecen como las primeras víctimas.En buena parte de Colombia Santos aparece como un ‘vendepatria’, dispuesto a entregarle el país a quienes lo han desangrado por más de 50 años; todo por el sueño de la paz, la que todos anhelamos, pero sin impunidad, sin ceder un milímetro de institucionalidad.El asunto de la paz parece ser el más caro sueño de Santos, una ilusión que lo desvela y en la que parece dispuesto a hacer muchas concesiones. Quiere pasar a la historia con la firma de una ‘paz express’ con la Farc, proceso que deja por fuera al ELN, a las bacrim, a los barones del narcotráfico y a los paramilitares.Cada vez nos parecemos más a la España medieval, donde cada región era un reino con su respectivo ejército. La historia le está diciendo al Presidente que las razones de la furia colombiana, de la sedición y el pillaje, no se resuelven con casas de regalo y bailódromos en Cali, una comunidad que necesita más escuelas y educación de primera calidad, antes que laboratorios de acrobacias.Dos signos se han convertido en termómetros de la popularidad de los gobiernos: las redes sociales y las rechiflas; en ambas, Santos sale mal librado. Fueron al menos 35 mil personas las que lo abuchearon en Cali, al inicio de los Juegos Mundiales, y una multitud similar la que cerró el evento con otra silbatina, al momento en que el alcalde Guerrero pronunció su nombre. Otro tanto ocurrió en el patinódromo, de donde el Presidente debió salir ante una unánime rechifla, hecho al que los medios pusieron sordina.Con una silbatina en el estadio, empezó la reacción de Brasil ante Dilma Rousseff. En España, donde hasta hace poco la monarquía era sagrada, El Rey, el príncipe Felipe, Letizia y Urdangarín, son blancos de abucheo en lugares públicos.De continuar el statu quo, el Uribismo barrerá en las elecciones legislativas y volverá al poder el 7 de agosto de 2014.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad