El que Marilyn amó

El que Marilyn amó

Abril 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

“Se fue con la satisfacción de haber compartido su vida con extraordinarias mujeres”, dijo de él la actriz de Broadway Zoe Caldwell, al reconocer, el 10 de febrero de 2005, que Arthur Miller, uno de los grandes dramaturgos estadounidenses del Siglo XX, moría con la sonrisa de haber amado a la tan deseada Marilyn Monroe.Miller falleció de un paro cardíaco en su casa de Roxbury, Connecticut, después de una vida entregada al arte y al amor; junto a su lecho de muerte se encontraba su novia de 34 años, la pintora Agnes Barley.Miller, como otras estrellas del firmamento literario y cinematográfico de los Estados Unidos, eligió vivir en Connecticut, al igual que Paul Newman y la siempre bella Katharine Hepburn, la actriz nacida en la casa demarcada con el número 22 de la calle Hudson, la vía contigua al Hospital de Hartford. Miller, como la Hepburn, decidieron también vivir de cara al paisaje antiguo de los Estados Unidos, junto a las quebradas y cerca del mar. Ella adquirió una hermosa casa victoriana en Old Saybrook, donde los pobladores la vieron recorrer los caminos de arena en bicicleta o en su bañador, en los cálidos veranos, y hasta bien entrada en años. Como si repitiera en la vida real escenas del filme ‘La laguna dorada’, la misma que hiciera junto a Henry Fonda.Miller, por su parte, rico, joven y famoso en 1958, decidió comprar una granja en Connecticut, con una casa que conservaba los usos y espacios del Siglo XVIII. Como llevado por el ventarrón del sueño americano, él que había padecido la pobreza de los años 30 después que su padre se arruinara con una fábrica de ropa, decidió compartir ese sueño hecho realidad con una de las mujeres más deseadas del mundo; tan deseada, que hasta el propio John Fizgerald Kennedy fue martirizado por su perfume: Marilyn Monroe, la preciosa diva que prefería desayunar con champán y caviar, y ponía en sus pijamas aroma de Chanel, según reveló su amigo Truman Capote.Willy Loman es un agente viajero que ha logrado comprar una casa y construir una familia; cree poderosamente en el trabajo como una llave para lograr todo lo que se propone; a sus hijos los alinea en destinos acordes a sus manera de ser y de pensar. Los imagina como los titanes que han de conducir a ‘América’ por caminos de gloria. Los Loman trotan junto a su imaginación, como superhéroes de los equipos de rugby de las universidades más prestigiosas de los Estados Unidos. Loman sueña despierto y hace rapsodias con respecto a su presente y su futuro, pero la realidad le devuelve mezquinamente un panorama estrecho de espíritu y de dinero. Sus metas están más allá de sus menguadas finanzas. Esa carrera demente hacia el ‘éxito’ termina por traerle quebrantos de salud, y un comportamiento esquizofrénico y paranoide.En la sinopsis anterior está basada la historia de ‘La muerte de un viajante’ (1949), la obra que le mereció el codiciado Premio Pulitzer, y no pocos problemas. Visto por el establecimiento como un hombre con ideas de izquierda, fue víctima de la ‘cacería de brujas’ que desató el senador McCarthy, y condenado por “desacato”. Una apelación le dio la libertad.Había nacido un 17 de octubre de 1915 en Nueva York, en un hogar de padres judíos; el ‘crash’ de 1929, obligó a la familia a trasladarse de Harlem a Brooklyn, más Miller estudió Periodismo en la Universidad de Michigan. “Hay hombres que no suben después de caer”, repetía, al tiempo que se definía como un conocedor profundo del espíritu femenino: “Si dos mujeres cuchichean y te acercas, y ellas paran de hablar abruptamente, es seguro que hablan de sexo; si una de ellas es tu mujer, es seguro que hablan de ti…”.

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