El que eyacula pierde

Mayo 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Los muchachos no tienen más de 14 años; se han citado en el ‘finco’ para tomarse unos guaros y bailar, para lo que han invitado a algunas de la chicas más guapas de la clase. Los papás deciden dejarlos ahí y retornan a la ciudad. Saben que a los chicos de hoy, a diferencia de ayer cuando soportaban la presencia de abuelos, tíos u otras personas mayores en sus fiestas, los adultos les estorban como muebles viejos.Con los tragos viene la desinhibición; la primera pareja se quita la ropa para iniciar el juego de moda, ‘El carrusel’ una especie del trencito de ayer, pero todos empelotos. Las muchachas son penetradas una y otra vez; solo por los más resistentes, los que llegan al final del juego sin eyacular. El que eyacula pierde y sale de la ronda.La sociedad colombiana acaba de poner el grito en el cielo por esta práctica que deja ya, particularmente en Antioquia, varias niñas embarazadas, algunas con venéreas y, también, víctimas de Sida.La descripción cruda de este nuevo pasatiempo en Colombia, la acaba de hacer en la televisión chilena la modelo Pilar Ruiz, por lo que ha recibido fuertes críticas. Ella manifestó en ese espacio, que tiene un hermanito menor y conoce bien de qué se trata el jueguito. Se permitió invitar a un músico del programa, para explicar cómo funciona el ‘carrusel’ en Colombia; ya no de la contratación sino del sexo ‘libre’ y sin límites.Las declaraciones de Pilar Ruiz evocaron también lo que ella denominó “la botellita, en mis tiempos”, un juego erótico mucho más sutil y de suspenso, que consistía en hacer girar una botella en una mesa, la misma que con su gollete señalaba al que debía despojarse de una prenda; así, lentamente hasta el final. Este juego, en algunas regiones de Colombia, se le conoce también como ‘pirinola’, pues se practica también con el trompo de “pon uno, pon dos, todos ponen…”.Lo de esta declaración que tanta ampolla levanta ahora, quiere decir que hemos sido básicamente iguales, en todas las épocas, solo que hoy los más jóvenes no resisten los juegos lentos, que involucran rituales de seducción, sino que asumen el sexo sin tabúes, de una manera drástica y directa que deja sin respiración a las generaciones anteriores. Lo que antes parecía atrevido, hoy es venial frente a la desinhibición de la nueva generación, una actitud que acarrea consecuencias, como el embarazo prematuro y la invisibilidad de un padre, como ocurre en la ruleta rusa del ‘carrusel’.Los centros médicos de nuestro país enfrentan hoy, también, la práctica de pruebas de ADN a diez o quince párvulos, para certificar quién es el padre de una criatura gestada en medio de un instante febril.La sexualización progresiva del baile a unos niveles no conocidos antaño, conduce también a la ‘creación’ de estos juegos peligrosos. Existe hoy una rutina de baile como ‘el choque’, nacida de las formas lúdicas del reggaetón y el hip-hop, el cual echa por tierra todas las formas de freno y recato creadas dentro de la danza por la cultura occidental. Desata entre los bailarines unos movimientos que no temen al ojo crítico del espectador. Pueden ser definidos literalmente como ‘sexo en público’ o en vitrina.Algo quiere decir, desde lo femenino, este nuevo ritual que saca del juego al que eyacula, y permite más ‘placer’ al que no lo hace. El poeta mexicano Octavio Paz encontraría ahí una lectura para el que se ‘raja’, para el ‘chingado’; solo que en este caso, el ‘humillado’, el que es arrojado fuera del paraíso, es el padre desconocido, el gestor de la frustración vitalicia de una condiscípula de 14 años.

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