El país que viene

El país que viene

Mayo 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

En Colombia no es posible disentir en política, sin recibir una cascada de insultos, dicterios, descalificaciones. A propósito del triunfo uribista en las elecciones parlamentarias, pronostiqué el triunfo del Centro Democrático en segunda vuelta presidencial, con la adhesión del partido conservador, liderado por Marta Lucía Ramírez.Me llovieron piedras, las mismas que recogí para armar esta segunda columna; tantas como las que me lanzaron cuando declaré mi desafecto por los gatos.Desde hace varios años me he convertido en arúspice de la política, basado más en el sentido común. Con la elección, por primera vez, de Obama, gané dos apuestas. Una en Hartford, Connecticut, y otra –cena incluida- en Italia. Pronosticar en política no es difícil; basta observar la “real politik”, por fuera de convicciones personales.En lo que respecta al escenario colombiano, para nadie es secreto que Juan Manuel Santos ganó la presidencia sobre los hombros de Uribe; o sea, con sus votos. Gastó cuatro años en hacer todo lo contrario de lo que el pueblo esperaba, fundamentalmente en el campo de la lucha frontal contra la sedición. Uribe no solo arrinconó a las Farc, sino que le faltó tiempo para liquidarlas. La economía del país creció de manera inusitada, regresó la tranquilidad a los caminos de Colombia, después de un tiempo en que el país vivió prácticamente secuestrado por el miedo y el terrorismo. Decenas de colombianos fueron secuestrados en carreteras, donde las Farc hacían sus propios peajes, dentro de lo que se llamó “pesca milagrosa”; no respetaron los templos, los pueblos, la paz campesina, para bombardear la convivencia pacífica. En determinado momento, Colombia fue vista como una nación inviable. Uribe recuperó lentamente la confianza inversionista y sentó las bases del Tratado de Libre Comercio. Su ministra Marta Lucía Ramírez, fue la encargada de diseñar el plan denominado Seguridad Democrática, el mismo que fue desmontado por Santos al permitir que las Farc se convirtieran en interlocutoras, desde La Habana, de un acuerdo de paz que continúa de espaldas al país. Un acuerdo, hay que decirlo, que beneficia a unos pocos capos de lo que Óscar Iván Zuluaga define como “el cartel de drogas más grande del mundo”. Alguien se está beneficiando con esta negociación, con cientos de millones de dólares en un paraíso fiscal, y no lo sabemos.Colombia salió a votar en la primera vuelta, contra la entrega del país a las Farc y la posibilidad de que éstas se sienten en el Senado, a impartir leyes con manos de sangre.El voto de castigo se repetirá en la segunda vuelta de este 15 de junio. Así como todo aguacero escampa, esta guerra también tendrá fin, sólo que Zuluaga va a saber cómo terminarla. Si los señores de la guerra quieren reinsertarse en paz, deberán pagar por sus delitos. Lo que no se concibe hoy es una paz con impunidad. Todavía en el Valle del Cauca está fresca la noticia del asesinato de su Asamblea Departamental, un hecho que no fenecerá jamás en la memoria de los colombianos. Las víctimas del secuestro de La María, los civiles, soldados y policías amarrados con cadenas en jaulas con anjeo, gallineros humanos que hacen recordar el Gulag soviético, claman justicia.Colombia debe recuperar este 15 de junio su seguridad democrática, su mar territorial, la paz de ciudades y caminos, diciéndole no a las fieras.

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