El muñeco de la ciudad

Julio 31, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

No le hace nada bien a Cali aparecer ahora ante el concierto del mundo como una ciudad que “veta” artistas. La devolución del Cano Estremera del aeropuerto de la ciudad es un hecho vergonzoso que tendrá repercusiones. Puerto Rico, como Cuba y Nueva York, son cunas de la salsa y el Cano, a su manera, es uno de sus grandes representantes. ¿Se imaginan qué puede pasar si devuelven del aeropuerto de San Juan a un músico local que insultó desde tarima ferial a Puerto Rico, al decir que los músicos de ahí son unos “hps.”? Nos estamos perdiendo el respeto. Esta música que Cali adoptó, no nos pertenece. Tenemos magníficos músicos y bailarines y proclamamos a los cuatro vientos ser la “Capital mundial de la salsa”, pero debemos comportarnos como tal para no perder el norte y atraer turismo. Querámoslo o no, debemos respeto a Puerto Rico y sus intérpretes, creadores de este ritmo en Nueva York, con base cubana. Siempre vamos a estar mirando hacia las Antillas para aprender y ser mejores en este ritmo. Los soneos del Cano no ameritaban esta actitud torpe en la cual, infortunadamente, se han envuelto autoridades locales, encargadas de provocar esta reacción excesiva desde la cancillería de Colombia. El asunto de Estremera-Buenaventura se ha manejado de una forma maniquea. Se pretende lanzar a la hoguera a un artista que no ha sido precisamente el promotor de esta violencia. Me encantaría que autoridades de Cali y de Colombia se levantaran para vetar a la bandas criminales que tienen ahí su negocio, un asunto de millones de dólares que los nativos no manejan ni son sus promotores. Son la carne de cañón en este fuego cruzado traído hasta ahí por foráneos.Como anotaba en columna anterior, el soneo del Cano resulta venial ante la andanada de vulgaridad y sexismo -ese sí- que abunda en la música guascarrilera, en el reggaeton, el choke y otras expresiones musicales. Muchos incautos han caído en la propaganda mediática que hundió el acelerador para decir que este cantante “insultó” a Buenaventura y “a las mujeres de Colombia...”. Algunas de sus improvisaciones han sido infortunadas, pero, de manera noble, presentó excusas, a través de un video. Es por ello que la acción de devolverlo del aeropuerto de Cali me parece extrema, enfermiza. Así han empezado las sociedades intolerantes; luego se pasa a la quema de libros y finalmente a la quema de mujeres, por considerarlas “brujas” como ocurrió en Salem y en la Europa inquisitorial.Este “veto”, pues, resulta inocuo, pues los artistas están en el corazón del pueblo y no en prohibiciones de aeropuerto. El Cano es uno de los cantantes más queridos por los porteños. Casi que ha vivido en Buenaventura, y es de los pocos artistas puertorriqueños que se ha aventurado Pacífico adentro. Se le ha escuchado en Bocas de Satinga, en Tumaco, en La Vigía, Quibdó. Decir que tuvo la intención de “ofender a Buenaventura” -por favor- es pueril, fuera de contexto. Se trata esencialmente de un hombre bueno, al que se le está negando el derecho al trabajo. Hace varios años, Puerto Rico, por ley, decidió que la salsa es un patrimonio nacional. Los boricuas se inventaron este ritmo en Nueva York, con base rítmica cubana, y no andan pregonando por ahí que son la “la meca” o la “capital” de la salsa. El respeto debe ser mutuo. Devolver al Cano a Puerto Rico es como quitarle la llave al dueño de casa y enviarlo a vivir debajo de un puente. Vivir para contarlo.

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