El credo y la ofensa

Agosto 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Dinamarca, una de las naciones con menor posibilidad de estar en el centro del huracán de una guerra religiosa, recibió en su momento los denuestos del mundo árabe, por la publicación, en uno de sus diarios, de caricaturas consideradas heréticas e irrespetuosas con el profeta Mahoma. La imagen de turbas árabes prendiendo fuego a la bandera danesa, y de funcionarios de estos países en plan de cortar toda relación amistosa o económica con los daneses, sorprendió al mundo. Dinamarca envía al universo parte de sus excelentes conservas, quesos y mermeladas, productos agrícolas, molinos de viento para producir la denominada ‘energía eólica’, produce papel, cemento y es fuerte en la industria discográfica. También es reconocida por sus yacimientos de gas, petróleo, industria naviera, de muebles y medicamentos. Aparte de todo, es un país que produce una excelente cerveza, y es paraíso de vacacionistas por su alta calidad de vida. Ahí, la diferencia entre ricos y pobres no es tan notoria como en otras naciones del mundo. Las doce caricaturas consideradas libelos, fueron realizadas por el periodista Kurt Westegaard, fugitivo hoy ante la declaratoria de pena de muerte dictada desde el Islam, como ocurrió con el escritor Salman Rushdie, autor de ‘Los versos satánicos’. Es común en Occidente la representación de Dios en historietas gráficas o en caricaturas. Corrientemente se ve en publicaciones de distintas culturas la imagen de lo que se concibe como ‘el creador’ simbolizada a veces por un ojo dentro de un triángulo, o, las más, por un venerable anciano sentado en una nube, con un aura sobre su cabeza, generalmente en diálogo con Pedro, representado siempre con dos enormes llaves, rodeados por ángeles y arcángeles. De igual manera, en la cultura occidental se dan licencias para representar al símbolo del mal. La actitud del periodista se dio desde el desconocimiento, de acuerdo al canon de Occidente. Esta ignorancia acerca de otras religiones, lleva muchas veces a ‘insultar’ o a ‘irrespetar’ otros credos, desde la inocencia. Cuando vemos estas turbas incendiarias en nombre de la religión, recordamos tiempos pasados, pues es menester reconocer ahora por cuantos años –ocho siglos y más- los árabes tuvieron dominio en España. La lengua Española se enriqueció con vocablos árabes tales como ‘arroz’, ‘Guadalquivir’, ‘alhelí’, ‘azafrán’, ‘Madrid’, ‘almohada’, ‘anís’, ‘alfanje’, ‘arrabal’, etcétera, además de la contribución de geómetras, médicos, poetas y traductores. En un país como el Perú, España quiso borrar toda huella del mundo prehispánico, y construyó una catedral sobre el que fuera Templo del Sol y dominio del inca Huayna Capac, en Cusco, así como, en la península, alzó cruces sobre antiguas mezquitas.La evidencia de Machu Picchu, ya en el Siglo XX, y la imposibilidad de destruir ya sin motivo esta reliquia histórica, permitió al mundo apreciar el grado de civilización al que llegaron los Incas en el Alto Perú. Si imaginamos lo que ocurriría si los nativos de los pueblos de América decidieran reclamar a ‘Occidente’ por haber levantado iglesias sobre las ruinas de una cultura, o si ponemos en perspectiva la posibilidad de que los musulmanes ‘cobren’ a España el hecho de ver sus mezquitas convertidas hoy en iglesias católicas, -este ‘retorno’ hace parte de la llamada Yihad- estamos delante de una conflagración de nunca acabar.

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