El caviar del Pacífico

Marzo 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Debo decir que ayer sentí dolor de patria, un reconcomio parecido a la falta de oxígeno. Después de consumir mi ración de panqueques al desayuno, salí al balcón y busqué hamaca para mirar a los Andes, en lontananza. ¿Qué nos pasó?, me preguntaba, mientras apretaba el periódico, pero nada parecía responder a mi trémula pregunta. Sólo el chachareo del bichofué y el pregón del vendedor de mazamorra. Ahí estaba la noticia, en grandes caracteres: Dejamos de ser el país más feliz del mundo; la ONU acaba de darnos un indigno puesto 31, y ahora Dinamarca es el chacho de la felicidad.Pucha, pero, ¿qué tienen los daneses que no tengamos nosotros? Parte de su felicidad tiene que ver con el hecho de tener el mejor camarón de Europa. Pero aquí también se nos da el U8 -una libra por ocho- el langostino que en Norteamérica reconocen como ‘Monster Shrimp’.Sólo con energía eólica -molinos de viento- Dinamarca abastece el 116% de la energía eléctrica que necesita toda su población, mientras a nosotros, diariamente, el Estado nos amenaza con un apagón. Mirando entonces esas olas que hace la neblina en las montañas, por donde quizá galopó Bolívar, me pregunté si sería esa la razón por la que acaban de mandarnos al reino de la infelicidad. ¡Puesto 31, no puede ser!, camino a convertirnos en compañeros de infortunio de Siria, Togo, Benín, Afganistán y Burundi…¿Seremos brutos, nos faltó el chip del sentido común, no hemos visto que la energía está en el viento? La vendedora de aguacates me sacó momentáneamente de mis dolorosas reflexiones y pensé, ya en plan de sabio, que quizá tanta riqueza, tanto fruto maduro, tanto oro, tanta mujer en sazón, ha terminado por dislocarnos la sesera. “No sabemos lo que tenemos, lo derrochamos”, pensaba con ademán contrito.Dinamarca tiene hierro, acero, textiles, es líder en construcción de barcos, muebles y otros productos de madera. Pero caray, tenemos que ver lo que son los artesanos y carpinteros pastusos, los que heredaron la talla quiteña, y los constructores de barcos, empíricos, de Mulatos y Vigía, en el Pacífico.Los daneses tienen un puerto de profundidad, Kalundborg, con sus casitas de madera y calles adoquinadas, donde se pescan arenques, percas, caballas, agujas, lenguados, truchas y salmonetes. Nosotros tenemos varios, Málaga, el más importante de ellos, donde no se puede pescar porque un yate de regular eslora, un bote pequeño en su cercanía, es sinónimo de narcotráfico. Y claro, ahí tenemos los mejores pargos del mundo, dorados, sierras, camarones, corvinas.Tumaco y Buenaventura también tuvieron sus cascos viejos construidos totalmente en madera. Hay que ver la belleza de las iglesias del Pacífico -mi abuelo construyó varias- en chachajo, tangare, mangle, guayacán, chaquiro, sajo y otobo. Maderas preciosas que hoy han desaparecido.Dinamarca exporta arenque, pero nosotros no hemos podido etiquetar el caviar del Pacífico: la chautiza, la misma que baja por estos días a los ríos, como un manjar de dioses. Es el krill -alimento de ballenas- que pierde la ruta del mar y entra en agua dulce. Los nativos Waunanas lo pescan con grandes lienzos, de una orilla a otra. La chautiza es un magma hecho de larvas marinas puesto al sol sobre hojas de plátano. Debajo, se disponen leña y hierbas aromáticas. El sol y el vapor del fuego, hacen que el krill quede seco y ahumado. Una vez envuelto en ‘pandas’, es traído al mercado del puerto en vísperas de Semana Santa. Debe ser dejado en agua, para retirar la arena que trae el viento y, luego, en un sofrito de cebolla roja, tomate, ajo, leche de coco y azafrán, la chautiza queda convertida en el caviar del Pacífico. Estoy seguro que cuando los daneses prueben la chautiza, entenderán por qué fuimos un día “el país más feliz del mundo”. @cabomarzo

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