El asno de tres patas

Junio 16, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El pasado martes 14 de junio se cumplieron 30 años de la muerte del poeta y cuentista Jorge Luis Borges, quien se fue a la tumba con tres pecados capitales: Llamar a García Lorca “andaluz profesional”, su desdén por la obra de García Márquez –lo aborreció desde siempre- y su foto en una cena con Pinochet.Estuvo en Cali cuando apenas lo visitaba la ceguera y alcanzó a decir que esta ciudad le parecía ‘macanuda’. El Club Colombia le brindó un ajiaco; “parece que esta sopa no va a acabar nunca”, comentó al oído de Alfonso Bonilla Aragón, quien le confesó iría al Sur, en misión diplomática. “Como dice Don Segundo Sombra, irse de la Patria es sangrar un poco”, le dijo a quien en compañía de Manolo Lago, fue su anfitrión e interlocutor.En el Libro de Los Seres Imaginarios, publicado por primera vez en 1957 por el Fondo de Cultura Económica, el poeta se permitió ‘crear’ animales que sólo estaban en sus sentinas oníricas, diantres que a través de la palabra alcanzaron en su poesía la carnadura de bestias recién creadas. Serpientes voladoras, dragones de seis cabezas que hablan arameo, escriben en sánscrito y pueden quemar grandes aldeas con sus lenguas de fuego.El libro se llamó inicialmente, ‘Manual de Zoología fantástica’, y en él aparecen asnos de tres patas, animales soñados por Edgar Allan Poe, Kafka, Lewis, así como los ángeles de Swedenborg, animales de espejos esféricos, el ave Roc, el Bahamut, el basilisco, el centauro, el Cien Cabezas, el Devorador de Sombras y el Gallo Celestial. Sin contar el Golem, el Grifo, y los antílopes de seis patas.“Ignoramos el sentido del dragón, como ignoramos el sentido del universo, pero algo hay en su imagen que concuerda con la imaginación de los hombres”, señaló el poeta.El libro de los seres imaginarios contiene la descripción de ciento dieciséis monstruos que han poblado las mitologías y las religiones. Algunos, como el Golem, la Esfinge y el Centauro, pertenecen al mundo de la metafísica o de la literatura; otros son ya célebres en la invención humana, como los gnomos y las hadas.Así describe Borges al Asno de Tres Patas:“Del asno de tres patas se dice que está en la mitad del océano y que tres es el número de sus cascos y seis de sus ojos y nueve el de sus bocas y dos el de sus orejas y uno su cuerno. Su pelaje es blanco, su alimento es espiritual y todo él es justo.De las nueve bocas tres están en la cabeza y tres en la cerviz y tres adentro de los ijares... Cada casco, puesto en el suelo, cubre el lugar de una majada de mil ovejas, y bajo el espolón pueden maniobrar hasta mil jinetes. En cuanto a las orejas, son capaces de abarcar a Mazandarán. El cuerno es como de oro y hueco, y le han crecido mil ramificaciones. Con ese cuerno vencerá y disipará todas las corrupciones de los malvados…”.Tendida sobre una losa de mármol en el Monasterio de los Jerónimos de Lisboa, ese lugar que parece extraído de los limos marinos, está la efigie de Luis de Camoens, el poeta portugués de suave trato con la palabra.Impresiona la efigie de Camoens sobre el mármol, armado para la muerte, con su espada al cinto y las manos que sostienen un crucifijo. Pero su cuerpo no está ahí; aunque fue sepultado cerca del Convento de Santa Ana, en Lisboa, en 1580, desapareció con el terremoto de 1755; ocho años antes de morir, en 1572, había publicado ‘Os Luisiadas’, libro que es tenido como verbo capital de la poesía portuguesa. Borges lo recordó en unos versos: “Sin lástima y sin ira el tiempo mella las heroicas espadas/ pobre y triste a tu patria nostálgica volviste/ oh capitán, para morir en ella y con ella/ en el mágico desierto la flor de Portugal se había perdido/ y el áspero español, antes vencido/ amenazaba su costado abierto...”.Sigue en Twitter @cabomarzo

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