El Año del Mono

Diciembre 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Quienes nacimos en 1956 y estamos próximos a cumplir 60 años en el venidero, estamos de plácemes: 2016 anuncia el Año Nuevo lunar chino, dedicado al mono, el animal que regirá todo ese tiempo, y para el que debemos prepararnos como si fuéramos dragones de acero.En el origen de esta milenaria tradición china, está Sidharta Gautama, Buda, rodeados de animales, los mismos que simbolizan cada año de la historia.Quienes estamos bendecidos por un nuevo año chino, debemos vestirnos de rojo en esa fecha, aunque nos seamos hinchas del América. También, desear un buen tiempo a todos con un “Kung Hé Fat Tsoi”. Debemos barrer la casa antes de año nuevo y guardar la escoba todo el año, como un fetiche. En ese día de febrero, cuando China estalla en fuegos artificiales y se ponen mandarinas en los quicios y destellos de pólvora en la puerta de pequeños negocios, todas las cuentas deben estar saldadas. No se puede prestar plata, ni pronunciar palabras como “libro” o “cuatro”. En chino, “shu”, libro, se pronuncia como “perder”. Quizá por ello existen tantos escritores perdedores, condenados de por vida a la pobreza. “Suu”, cuatro, tiene semejanza con la palabra “muerte”. En China, los edificios no tienen piso cuarto, sino que saltan del tercero al quinto, y este número está casi proscrito. Una de las experiencias más fascinantes de mi vida, la pasé en la celebración de año nuevo en el barrio chino de San Francisco, el más grande de América. Pude serpentear entre las calles, con los dragones de papelillo, a los que se les arrojan monedas en las fauces, mientras una banda toca timbales y trompetas. Las familias se reúnen en restaurantes que emulan monasterios, en torno al “pato a la laca”, un plato que deslumbró a Neruda en la vieja Pekín, cuando visitó, dice en sus memorias, un restaurante tan exclusivo, que sólo tenía una mesa. En los templos budistas ondea la bandera roja del Dragón de Agua, el animal más sagrado de la astrología asiática, el mismo cuya conmemoración tarda 60 años.Al fondo de la calle se ve el mar Pacífico, el mismo que rodea este Chinatown sólo comparable en extensión y vistosidad al de Toronto, en Canadá.Para las fiestas, en las tiendas que anuncian “Chinese dresses”, las mujeres se apuran adquiriendo finísimos “Chang Sangs”, el clásico traje de seda, sin mangas, con cuello Nehru y una abertura en el costado de la pierna.Para los chinos, los cítricos en la puerta, en el primer día de su Año Nuevo Lunar, son símbolo de paz y fortuna.Pero, los viandantes se asoman a las tiendas también en busca de enormes galletas en forma de budas, de peces, de dragones. Buda murió de indigestión. Fue inicialmente un soldado, un guerrero que decidió seguir la voluntad de su corazón. Lo que en el cristianismo se denomina “providencia”.Sus enseñanzas son seguidas hoy por más de 350 millones de personas en el mundo, con templos distribuidos en China, Japón, Corea, India, Tailandia, Filipinas y Estados Unidos. También Panamá tiene un templo budista en la cima de una montaña. Cali posee un lugar de oración consagrado a este credo. El pueblo chino es uno de los más supersticiosos del mundo. Al igual que en América Latina, creen que es menester llevar ropa nueva cuando cambia el año. Limpian sus casas con suficiente anticipación, pero jamás en el día de Año Nuevo, pues ello significaría “botar la suerte”. Todo lo que se considera basura, en esta fecha, sale por una puerta que no es la del frente, pues, de hacerlo, estarían anunciando la muerte de un familiar.Los animales que rigen pueden ser de metal, de fuego o de agua. Si usted es un Mono de Fuego, como yo, alístese para un año maravilloso. Como Midas, todo lo que toque en 2016 se convertirá en oro.

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