El agua lejos

El agua lejos

Octubre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Me encanta que haya agua en Marte, pero no puedo negar que me gustaría más que tuviéramos agua en Cali.El anuncio hace pensar ya en la posibilidad de liar bártulos y trasladarse al planeta rojo. Si tiene agua, como es la evidencia, es quizá posible vivir ahí. No sabemos si hay pájaros y peces, flores y mujeres, pero la noticia del agua abre muchísimas perspectivas. Si las féminas tienen ahí un solo ojo, tres senos y cinco manos, no importa; si las flores vienen con tres corolas, tampoco. No podemos esperar que lo que llamamos “vida” aquí, sea similar ahí. Con el agua marciana, reviven en la memoria del mundo las ‘Crónicas marcianas’, de Ray Bradbury, así como las teorías malthusianas y las sentencias del científico Stephen Hawking, según las cuales es probable que los habitantes de la tierra podamos trastearnos en algún momento a un remoto lugar: “La supervivencia de la raza humana dependerá de su capacidad para encontrar nuevos hogares en otros lugares del universo, pues el riesgo de que un desastre destruya la Tierra es cada vez mayor”. Pienso en Freeman Dyson y Arthur C. Clarke, con ‘The Sentinel’, la ‘Odisea en el espacio’; también en Carl Sagan y en Fred Hoyle, y por supuesto en el pionero, Don Julio Verne, quien despegó siempre con su imaginación hacia mundos desconocidos.Todos estos mensajes le hacen justicia a la realidad de nuestro planeta, acosado hoy por múltiples hambrunas, sequías, tsunamis, terremotos, desplazamientos forzados, dictaduras, un panorama en el que escasean el agua y los alimentos. La idea de “vivir” en otros lugares donde existan oxígeno y agua, permite pensar en la refundación de mundos ajenos a los apocalípticos azotes de hoy.El que puedan crecer repollos y tomates en Marte, no garantiza que ese lugar puede ser mejor a este, el mismo que nos encargamos de arruinar. En lo que respecta a nuestra atmósfera más cercana, con respecto a la muerte de los ríos de nuestro entorno, Aura Lucía Mera hizo recientemente un desgarrador análisis, bajo el título ‘¡Lo logramos!’. El río Cauca está cada vez más contaminado y por ende requiere mayores recursos para su potabilización; igual ocurre con el Meléndez, el río Cali y los otros. Algunos yacen moribundos, y uno no puede creer que sea testigo de esta debacle.Por ahora, antes que pensar en traer agua de Marte, si los ríos no alcanzan, Cali tiene la posibilidad de traer agua del mar Pacífico, lo mismo que no han podido hacer los bonaverenses y los sucesivos gobiernos. El mar dista 150 kilómetros de la capital del Valle y es posible traer agua por tuberías, para darla al servicio con una gran planta desalinizadora. El costo, en el tiempo, es infinitivamente menor que las improvisaciones y palos de ciego de hoy. El mar produce un agua de altísima calidad, pues no está invadida de los contaminantes de tierra firme. Tiene sí, desde hace muchísimos años, un componente tóxico que aparece ya, en menor o alta cantidad, en la carne de los peces: mercurio. Las islas Canarias tienen planta desalinizadora, también Manaure en la Guajira, y la Universidad de los Andes acaba de hacer un estudio con esa misma solución, para Santa Marta, ciudad que tiene también graves problemas con el líquido y, ha optado, al parecer, por traer agua del río Magdalena.El asunto es serio: Mary Beth Wilhelm, del Centro Arnes de la Nasa, declaró a la BBC de Londres: “Es la primera vez que hay evidencia directa de la existencia de agua líquida en la superficie de Marte. El agua corriente es un ingrediente esencial para la vida, y este es un paso para establecer que Marte puede ser habitado”. Quizá todo era verdad; bastó imaginarlo.

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