Ebrios al volante

Agosto 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Cerca de 250 jóvenes pierden la vida anualmente en Estados Unidos, en accidentes de tránsito causados por ingesta alcohólica. Otro tanto se da en Colombia, que asiste hoy al caso del ‘joven del Audi’, el mismo que atropelló a dos jóvenes promisorias, y por cuya responsabilidad se desata una batalla en redes sociales.Las imágenes, en la vida real, pueden remitir al pasado, a filmes como ‘Rebelde sin causa’, protagonizada por James Dean, o al ‘West Side Story’, de Rita Moreno. Jóvenes que truncan de pronto la alegría de vivir por heridas, homicidios involuntarios, cárceles, vidas quebradas en segundos por un trago de más. Humphrey Bogart decía que no había problema que no se solucionara después de tres whiskeys, pero en la vida real estos son suficientes para perder control y cometer, involuntariamente, un crimen en las calles de la ciudad o en las carreteras. Cuando aumentan las fiestas y juergas de la temporada estival en el norte del continente, aumenta también la velocidad al volante, el consumo de licor y drogas, la muerte en las carreteras. Alta velocidad y licor sintetizan una mezcla mortal.En Cali continúa la flagrancia de muchos lugares que venden licor a menores de edad. Cali es una de las ciudades del país con mayor índice de ingesta alcohólica entre adolescentes. Muchos de los chicos que se aficionan tempranamente al licor, no poseen aún licencia de conducción y deberían tener la entrada vedada a bares o discotecas. Pero logran tener la llave del auto y ahí empiezan los problemas. Sólo en el año pasado la ciudad despertó con la triste noticia de unos jóvenes que estrellaron sus vidas después de una noche de tragos en Menga.Son muchos pues los que beben del gollete, sin reparar en las consecuencias de estados anímicos o cuerpos no acostumbrados a los excesos etílicos. Licor y cigarrillo, a la hora de afirmarse como “adultos”, van de la mano dentro de comportamientos esnobistas, no sólo de varones, sino también de muchachas. Encuentran en una copa o en el tabaco una ‘actitud’, una manera de ingresar al mundo de los mayores. Es claro que en estos comportamientos tienen mucho que ver la crianza, el ambiente familiar y también, desde luego, la publicidad que se desliza a través de vídeos, cine y vida cotidiana.El aumento del consumo de alcohol y tabaco entre los adolescentes, no es sólo un problema de jóvenes colombianos. En Europa, el Caribe y Latinoamérica, tiene características de epidemia.En lo que podría parecer un acto de desobediencia civil, son muchos los jóvenes que beben hoy, en España, sentados en las aceras, en fines de semana. A esta costumbre la denominan ‘Botellón’, actitud que se observa ya en viejos barrios como El Peñón y San Antonio; como su nombre lo indica, consiste en hacer fiesta, a plena calle, en torno a una botella de licor. Ahí también se canta, se baila y se toca guitarra. Evitan además pagar los altos costos que tienen los clubes nocturnos, así que se ve más como una costumbre estudiantil. En Madrid como en el país Vasco, especialmente en San Sebastián, se bebe también –ojo Phillipe- por la calle, lo que ellos denominan ‘Calimocho’, una mezcla de vino con Coca Cola y hielo. Al parecer, no bastan las campañas policiales y gubernamentales. La instrucción para evitar caer en comportamientos criminales, como es conducir a velocidades extremas, bajo los efectos del licor, debe empezar al seno de la familia, en casa y, obviamente, con el buen ejemplo de padres y hermanos mayores.

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