Día de Muertos en México

Octubre 27, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Este 1 de noviembre, México volverá a celebrar, como cada año, el Día de los Muertos, y sus gentes volverán a probar calaveras de azúcar, panes como fémures, figuras todas que emulan esos esqueletos chispeantes de José Guadalupe Posada, y que son, hoy más que nunca, homenaje a tantos difuntos de la guerra entre narcos.Carlos Fuentes, el extraordinario escritor mexicano que falleció a los 84 años, imaginó su país como “la región más transparente”, ese lugar donde podían los deudos, entre el aroma de magueyes y nopales, asistir al funeral de Artemio Cruz, en tierras vigiladas por el volcán Popocatépetl en cuyo regazo también vivían ‘gringos viejos’, como el cónsul del Malcom Lowry, en ‘Bajo el volcán’, el mismo que bebía mezcal y subía ebrio la rueda de Chicago, desde la que caían monedas de sus enormes bolsillos.Por ser la nación más norteña de América Latina, México comparte una frontera de 3.152 kilómetros con los Estados Unidos, la misma que Trump quiere encementar con un muro que, así lo afirma, van a pagar todos los mexicanos. México está hoy, como dijera don Porfirio Díaz, lejos de Dios y cerca de los Estados Unidos. El consumo masivo de drogas en los Estados de la Unión, y su precio en el mercado negro, hace que cada vez más mexicanos olviden las labores del campo e ingresen a carteles que se disputan la distribución de droga.En sólo un día, un coyote, un avezado baqueano de caminos en el desierto de Arizona, puede ingresar a los Estados Unidos droga por valor de treinta o cuarenta millones de dólares. Lo hace a pie, con la cooperación de los nativos o migrantes que previamente han pagado un precio por ser llevados hasta suelo estadounidense, o a través de los múltiples túneles que perforan la frontera.Sólo en el último lustro, México ha perdido más vidas humanas que en una guerra regular. Se calcula que al menos 45.000 mexicanos han sido asesinados en ese lapso, número suficiente para la población de una ciudad. La guerra cruenta y abierta se da entre lugartenientes y lavaperros, los mismos que con las migajas gordas del narcotráfico, llevan vidas propias del personaje conocido en el cine como ‘Scarface’: mansiones, piscinas, joyas, mujeres, autos deportivos.“La región más transparente” es hoy un campo de batalla, un país al que prohíben viajar la mayoría de las naciones occidentales. México fue durante muchos años un destino turístico elegido mayoritariamente por los estadounidenses. Los estudiantes de esta nación aprovechaban el ‘spring break’ o vacación corta que anuncia la llegada de la primavera, para copar los hoteles de Cancún, Playa del Carmen, Acapulco. Este último destino, en el estado de Guerrero, fue también el paraíso idílico de muchos norteamericanos, de estrellas de cine que construyeron sus casas en las colinas que bordean la bahía de Acapulco.Hoy, el estado de Guerrero es famoso por los decapitados que aparecen tirados en las calles con avisos amenazantes; su nombre va junto a los que son colgados de los puentes, con violentas misivas en el cuello.El camino de la legalización está erizado de obstáculos; uno de los mayores es el que arroja índices dramáticos en Salud Pública, pues la droga es causa de múltiples enfermedades degenerativas, particularmente en la población juvenil. Estados Unidos como otras naciones del mundo, invierten miles de millones anualmente en centros de rehabilitación. La legalización sería un golpe a las mafias organizadas, pero no resolvería -no se ve así claramente hoy- el problema de la adicción, el cual, expertos, consideran con estragos menores al que produce el alcohol.Ojalá México salga pronto de esta oscura noche de la violencia, y vuelva a ser, como lo quería uno de sus escritores mayores, “la región más transparente”.

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