¿Despertó Europa?

Septiembre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Hace poco, la Agencia de la ONU para los refugiados puso en el altavoz universal esta queja: “La crisis Siria se ha convertido en la mayor emergencia humanitaria de nuestra época. Sin embargo, el mundo no logra responder a las necesidades de los refugiados, ni de los países que los acogen”. Pero, bastó una imagen para sensibilizar a todo un continente: el niño sirio Alan Kurdi, de tres años, muerto en la playa, con su cabecita besada por la última ola y sus zapatos de domingo, los de ir al oficio religioso. Parecía dormido, alejado del bullicio del mundo, con sus manitas vencidas. La inocencia acribillada por un mundo insensible. Todos nos sentimos culpables.Venía con su padre desde la costa oriental mediterránea, sin entender por qué su progenitor quería dejar atrás esa tierra donde el aire tiene perfume de olivas mezclado con pólvora, desde hace más de cuatro años, cuando una guerra civil feroz les dijo que esa ya no era su casa.Hubieran podido buscar refugio en la cercana Turquía, por el norte; en Irak, por el este, o en Israel y Jordania, por el sur, pero prefirieron cruzar Europa en barcazas, a pie, en trenes, antes que caer en la misma guerra que llevan ya pegada a sus ropas. Si se mira bien su historia, Siria no ha tenido descanso, no conoce la paz. En el Siglo XI fue invadida por los sarracenos, y en 1516 los turcos otomanos la retuvieron hasta bien entrado el Siglo XIX.A la represión del actual presidente Bashar Al-Asad, se unió la llegada de la República Islámica. Toda guerra es sucia, pero la de Siria es quizá la peor. Desde los puertos de Latakia, Baniyás, Tartús, en el Mediterráneo, y por los caminos que desde la antigua Bizancio conducen a la ‘próspera’ Europa, los sirios buscan hoy un mejor lugar para vivir. En una nación de 20 de millones de habitantes, son pocos los que hoy quieren quedarse.¿Qué haremos en América, al norte y al sur, para recibir a estos nuevos condenados de la tierra, a sus niños y niñas que desean, algún día, pasear en medio de un bosque de manzanos en flor?Se dirá que tenemos suficientes problemas aquí para atender otros, pero la solidaridad no es una virtud que nazca de la abundancia. Es una gracia del corazón, un apretón de manos, un reconocimiento de la desgracia ajena y un deseo genuino por aliviar el dolor del mundo. Ya Uruguay lo hizo. Colombia también puede abrir la puerta y recibir familias sirias. En un tiempo no muy lejano, cual es el destino de los inmigrantes, se fundirán con nosotros y bendecirán esta, nuestra tierra, la que los ayudó a cesar su horrible noche. El fattoush y la berenjena ahumada son compatibles con el sancocho.Ángela Merkel ya dispuso en Alemania, 11.500 millones de euros, para atender la emergencia. Asegura que este esfuerzo no pesará en los impuestos ni alterará el equilibrio presupuestario; Alemania es una de las pocas naciones del mundo que exhibe hoy un 0% de déficit. La Merkel dice: “Lo que estamos viviendo es algo que nos cambiará. Y queremos que ese cambio sea positivo. Estamos seguros de que lo lograremos”.Por su parte, David Cameron, el primer Ministro británico, declara: “Frente a la amplitud de la crisis y el sufrimiento del pueblo sirio, recibiremos a 20.000 refugiados de esa nacionalidad en los próximos cinco años”.El mundo se ve mejor así; solidario, respetuoso de la diferencia, amigo. Sin chauvinismos ni escenas melodramáticas, me ha corrido un fresco tremendo viendo cómo Europa tomó al fin esta decisión.Mientras ello ocurre al otro lado del océano, aquí muy cerca tenemos una frontera cerrada, un muro entre hermanos. No es tarde para anunciar una nueva Primavera del Afecto. El mundo es sólo uno, nuestra casa. Somos transitorios, efímeros. Podemos hacer noble nuestro paso.

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