Control de plagas

Control de plagas

Febrero 16, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Mi sobrina me preguntó recientemente acerca de la definición de “imbécil”. Le di varias, entre ellas la que trae la RAE: “Minusvalía intelectual originada por ciertas disfunciones hormonales…”. La imbecilidad, agregué, es también sinónimo de estulticia, necedad, bobería, memez. No obstante, la definición que más le causó impacto, fue esta: “Puede ser alguien que madruga a escribir mensajes con seudónimo en los foros de los periódicos, con un lenguaje retorcido, supuestamente “docto”. Básicamente, agregué, un imbécil es un simulador, alguien que ignora muchas cosas y pretende demostrar sabiduría con un discurso en el que caben palabrejas como “subjuntivo”, “modo indicativo”, “pasado pluscuamperfecto” y algunos terminachos recalentados de los cuales se agarra su escasa sesera. Asuntos que, desde luego, no entiende.Es alguien, agregué, que toma discursos completos de internet, los corta y los pega para dar la impresión de ser sabio, versado. De alguna manera, le expliqué, es el culebrero de nuestro tiempo. Alguien medianamente desocupado que rumia toda la vida la frustración de no ser, por ejemplo, un escritor reconocido, un periodista de quilates, y asalta los foros periodísticos cada día para tener la ilusión de ser leído, al menos, desde el insulto, desde el irrespeto.“¿Un imbécil tiene salvación?”, preguntó preocupada mi sobrina. Sí, le dije, aunque a veces es demasiado tarde. “¿Te imaginas, qué pasaría sin esa valvulita de escape que le permite insultar, perorar y rasgarse las vestiduras protegido por un seudónimo?”. Quizá moriría, puntualizó mi sobrina, y le expresé que su momentito de “gloria” se da cuando dispara su dardito con curare, desde la sombra. “Los imbéciles, como las moscas y las hormigas, también deben existir”, aclaré en tono sabio. Dan equilibrio a la existencia. De otro lado, un rapsoda menor que se hace llamar ‘Salomón Borrasca’, aprovecha la libertad que permiten hoy las comunicaciones en internet, para difamar a quienes no han corrido con su suerte. Quiero decirle a este sujeto, que la difamación, la calumnia, contenidas en el código penal, pueden llevarlo unos buenos días a la ‘guandoca’. Como hoy cualquier perico de palotes puede tener un blog y decir ahí más o menos lo que se le antoja, el mundo está lleno de psicópatas que describen en esos espacios lo que harán minutos después. La historia reciente está llena de ejemplos de personajes que cumplen amenazas proferidas previamente en el ciberespacio.Lo de Borrasca atenta contra el buen nombre de poetas y escritores que no sólo jamás lo han visto en su vida –como yo- ni hemos tenido el honor de saludarlo. Insto desde aquí a las autoridades de policía a revisar el contenido difamatorio e insultante de este blog. Colombia ha empezado a dar pasos serios en materia de penalización para antisociales parapetados en el supuesto anonimato de internet. El poeta Julio Flores decía que los necios deben ser castigados con las cuerdas de la lira, y León de Greiff aborrecía a los Juanrramoncetes de hojalata. Creo que un castigo ejemplarizante sería mandarlo a leer, aconsejarle algunos autores, educarlo un poco, ahora que están de moda los talleres literarios. Por lo pronto, envié ya una carta a la sección de Difamación de los ‘bloggers’ de Google para que revisen ese espacio donde campean las huestes envidiosas de la literatura parroquial. Las gabelas que permite la comunicación hoy, no pueden ser utilizadas para el insulto, el atentado al buen nombre, el resentimiento.

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