Conejo en Cartagena

Conejo en Cartagena

Abril 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El escándalo del servicio secreto de Obama en Cartagena ocupa a los diarios del mundo; quizá más de la cuenta, pues se desconoce afuera que la prostitución no es ilegal en Colombia, y además para un cuerpo policial recién llegado del frío -en ciudades como Washington el invierno se prolonga hasta abril, aún en medio de una declarada primavera- una ciudad como Cartagena se les antojó como la vieja y ardiente Habana, sólo que su misión hacia los lupanares de La Heroica no resultó tan secreta.El Washington Post asegura que al Hotel Caribe pueden ingresar damiselas después de las once de la noche, siempre que sean adultas y no se dejen ver en las áreas comunes, y tienen como reglamento abandonar el lugar antes de las seis de la madrugada.El País de Madrid, de otro lado, habla de un ridículo ‘Cervezagate’, para referirse a la rumbita de Hillary Clinton en la discoteca ‘Havana’ de Cartagena, donde danzó a buen paso ‘Qué bueno baila usted’, del Benny Moré. Ningún pecado, que a la Secretaria de Estado le fascine la salsa y que haya querido fundirse con la ciudad, algo que el cuerpo de seguridad de Obama también hizo, pero al que se le endilgan dos pecados: que hayan revelado entre sábanas algún secreto riesgoso para la seguridad del Presidente y, lo peor, que hayan maltratado a las hetairas caribeñas.Porque lo claro es que ya una de ellas hizo escándalo; el súper agente venido del frío le prometió $170 dólares, y luego le tiró sólo 60. Amén de otros que no pagaron. Esto, en buen colombiano, se llama ‘conejo’.Que el servicio secreto de la Casa Blanca se haya ido de putas, y que además sea ‘conejero’, tiene a Obama afanado por una pronta investigación. En Estados Unidos la moral calvinista acepta como ‘legales’, ciertas conductas privadas, pero acusa duramente a quienes las descubren en público. Viví por casi trece años en Nueva Inglaterra, y me pregunté siempre dónde estaban los quilombos de Hartford, la ciudad capital, donde sólo se escucha el pito del tren en las madrugadas, y el carillón de las iglesias en las tardes. Sólo al final de mi residencia ahí, supe que en las afueras funcionan unos cabarets gigantescos, al que van por igual políticos, concejales, magistrados, y en los que es prohibido tocar a las ninfas. A Obama, por el contrario, le faltó salero en Cartagena. La gente lo hubiera amado en La Boquilla, al son de una champeta. O si hubiera aceptado a ‘Demo’, el burro que se quedó en la tierra cenagosa de Turbaco, lejos de los pastos milimétricamente cortados de la Avenida Pensilvania en Washington. A ‘Demo’ le faltó lobby.Son once los agentes implicados en la rumba cartagenera, y anteayer se supo de cinco militares más que deben responder por conducta impropia en las Indias.León Panetta, el secretario de Defensa de los Estados Unidos, y el general Martin Dempsey, líder de la cúpula militar del Pentágono, ya se declararon ‘avergonzados’ con dicha conducta. La cadena de noticias ABC asegura que los gendarmes llegaron con gran alborozo a un puticlub llamado ‘Pley’ en Cartagena, donde alardearon de ‘trabajar para Obama’, mientras bebían whiskey del gollete.El portavoz del Pentágono, George Little, dijo sin embargo que los juerguistas, devueltos a casa desde la capital de Bolívar, no hacían parte del grupo más cercano al Presidente, sino que prestaban una ‘misión de apoyo al servicio secreto...’.Su coartada hoy puede estar en afirmar que buscaban francotiradoras entre las odaliscas cartageneras, o tranquilizarse al tenor del viejo adagio inglés: “April showers, bring May flowers”. (Lluvias de abril, traen flores en mayo…).

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