Cambalache electoral

Noviembre 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Un país en el que los ciudadanos empiezan a pensar, seriamente, que las elecciones no se definen en las urnas sino en las registradurías, requiere atención de urgencia en lo que toca con su sistema democrático.Desde siempre ha existido duda acerca de votos fantasmas que aparecen a última hora –llegan amarrados en canoa- dicen en el Pacífico, para elegir dignatarios, pero nunca antes esta sospecha se había hecho más evidente que hoy.Un intento por sacar de la contienda a Rodrigo Guerrero, con propuesta de “pago de $200 millones para ganar las elecciones”, terminó de catapultar una candidatura que desde sus inicios se granjeó las mejores adhesiones. El pueblo de Cali salió a la calle a protestar y Guerrero regresó remozado, triunfante.No ocurrió así en muchas poblaciones de Colombia donde los electores creen, a pie juntillas, que su deseo mayoritario fue defraudado por los registradores; así en El Paso, como en Cumbal, en Yumbo y la población de Chipaque, lugares donde después de las elecciones se vivieron jornadas de rebelión, enfrentamientos con la policía, fuego, humo y piedra.A un nivel macro y sin las consecuencias funestas que se vivieron en esas poblaciones, una enorme franja de electores del Valle del Cauca, los que siguieron a Homero Giraldo, creen que hubo fraude y esperan los resultados del reconteo de votos.Diego Martínez Lloreda hizo una recomendación a tiempo; “únanse”, expresó a Homero y Ubeimar Delgado, con el propósito de atajar lo que se veía venir. Pero la división permaneció hasta el día de elecciones.Mientras no se demuestre plenamente dónde estuvo la ‘maturranga’, si hubo o no votos comprados, los vallecaucanos deben prepararse para el retorno de Abadía, en la persona de Useche, a la gobernación, ese lugar de donde fue sacado a sombrerazos.El gran problema de una democracia imperfecta, es que el axioma de la mitad más uno sigue dando ventaja a quien se presenta delante de la opción electoral; sea este un bandido, traficante, caradura, rey de bastos, colchonero o polizón. Como decía el poeta Santos Discépolo en su ‘Cambalache’, hoy estamos todos “revolcaos en un merengue”; cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón. “Don Chicho mezclao con Stravinski…”La elección popular de gobernadores y alcaldes abrió una gran tronera por donde entraron personajes que otro día no tenían ninguna opción de poder. Las inmensas fortunas de narcotraficantes y paramilitares aceitaron las maquinarias políticas del país, con la compra de votos, para asegurar el corral desde el cual se abren camino, respaldados por ficticias mayorías electorales.Me pregunto si Colombia no estaba mejor cuando el Presidente nombraba al gobernador, y este a su vez, a los alcaldes, casi siempre entre la gente más prestante de las poblaciones, ciudadanos por fuera de toda sospecha.Corrupción existe hoy en Estados Unidos, en Rusia, en China; Colombia no podía ser la excepción, pero entre dos opciones históricas, me inclino por un ‘mal’ menor. Tiene el Presidente Santos el reto de someter a referéndum, si los colombianos desean continuar con la elección popular de gobernadores y alcaldes, o si por el contrario prefieren las opciones democráticas de otros tiempos, cuando ésta era una decisión soberana, respetable y promotora de equilibrio y justicia social.Puedo parecer anacrónico, pero creo que los gobernadores y alcaldes de antes propiciaron un mejor país que éste, donde reinan la trampa, el dinero ilícito, la perfidia y la falsía.

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