Cali, ciudad del mundo

Enero 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Uno no se explica cómo, pero el sur de España continúa viviendo de la pandereta, el vestido ‘cuajao de lunare’, el flamenco y la herencia mora; es tanta la leyenda que llegué ahí a preguntar por ‘las cuevas de Sacromonte’, en el Barranco de los Negros en Granada y, para mi infelicidad, hace mucho los gitanos ya no viven en cuevas, sino que el ayuntamiento les hizo unas casas muy bonitas encaladas, donde pagan agua y teléfono. ¡Y hasta impuestos!, quien lo creyera. Ahora, el que quiere ver una réplica de Toñito El Camborio, o los “viejos puñales tiritando bajo el polvo”, según cantó Lorca en su Romancero, debe ir al Palacio Flamenco en Sevilla, un lugar donde se apretujan 300 japoneses con otros tantos turistas del mundo, entre manzanilla y taconeo.La gente sigue yendo al sur de España, a buscar lo que mostró el mito. Es probable que no se parezca tanto a la poesía, a la literatura, a lo que vendió el folleto de la agencia de viajes, pero es lo que da la tierra.En Brasil ocurre otro tanto, cada año, con el Carnaval, las garotas, las Scolas do Samba.Cali no está lejos de ser, en propiedad, el destino de la Salsa, una industria cultural que desaprovecharon Nueva York y Puerto Rico; en la ciudad del norte, porque ahí se acabó la Salsa, hace tiempo, y sólo va quedando en sitios como ‘Copacabana’, ‘Plan B’, y algunos lugarcillos de Queens y el Bronx, regentados casi siempre por colombianos.Cali, sin tener mar, y con un carácter fundacional que la puso frente a la cultura andina, optó por el Caribe y, más recientemente, por el Pacífico. El asunto de la Salsa ha sido llevado a la literatura -Andrés Caicedo, Umberto Valverde, Germán Cuervo, Fabio Martínez-; al debate académico -Alejandro Ulloa-, es tradición en la radio, impulsada inicialmente por Pardo Llada, y divulgada por locutores como Edgard Hernán Arce, Alfredo Palacio Rivera, Pepe Son. Tiene hoy, junto a lugares emblemáticos como Siboney, El Habanero, La Bodega Cubana, Son Caribe y Zaperoco, el Templo Mayor, Delirio, donde el baile, lo antillano del ayer y el circo, se mezclan en un espectáculo que es bueno en cualquier parte.Asistí por primera vez a una función de Delirio, hace tres años, con la orquesta de Henry Fiol. Desde entonces, hasta hoy, se ha operado ahí una transformación que le dice al visitante que está delante de un cabaret de primer nivel, con referencias al Moulin Rouge de París y al Tropicana de La Habana... pero con talento caleño.Me dice Isabella Prieto, asesora de comunicaciones de Delirio, que presentar este espectáculo, requiere del esfuerzo de 300 personas. No podemos desconocer la tarea tremenda que ha tenido ahí Andrea Buenaventura, o los aportes coreográficos que hacen los mismos bailarines. Hay que apreciar los trajes con los que salen a escena, o las historias bailables que ha imaginado un bailarín como Carlos Paz, quien es además excelente actor. El reconocimiento que acaba de hacer un diario como el New York Times a Delirio y a Cali, al situar a la ciudad en un lugar de honor como destino turístico, debe enorgullecer al Valle del Cauca, y servir de ejemplo a Colombia. Cada vez aumentan las visitas de extranjeros a Cali; por las calle, en el supermercado, por Chipichape, se oye hablar inglés, francés, alemán; son gentes que quieren estar aquí, disfrutar, participar de la leyenda de la Salsa y su historia. Cali merece cinco, diez, veinte Delirios más. Paz, trabajo y prosperidad. Bienvenido el turismo del mundo.

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