Cagüinga y callana

Cagüinga y callana

Abril 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Dentro de las llamadas ‘industrias culturales’, la mujer de Cali ocupa un lugar de vanguardia, un liderazgo que es motivo de respeto y ejemplo para el país. Sólo desde aquí se irradia hoy al mundo el génesis de una actitud cultural que quizá nos haga mejores mañana. Así, con la música, la danza, el cine, el teatro, la literatura, lo que se ve ahí es puro nervio femenino. Empujan nuevos procesos, nuevas formas de producción, desde la cultura, y los resultados están a la vista.La mujer de Cali participa, como protagonista principal, en este nuevo diseño de ciudad, con un carácter libertario, moderno. Su curiosidad por el mundo, cierto cosmopolitismo, la lleva a ocupar lugares de vanguardia en la cultura colombiana.Son caleñas las que buscan hojas de naranjo agrio en medio del invierno de Massachussets, para ponerle al champús; como esta especia no se consigue ahí, la encargan a Cali, con el riesgo de que la Policía de aduanas la decomise.Perseguir los sabores de la tierra, permitió que se escribiera un libro como ‘Con cagüinga y con callana’ (María Antonia Garcés Arellano). Caleñas son Ángela Becerra, Cecilia Balcázar de Bucher, Mariana Garcés Córdoba, Amparo Sinisterra de Carvajal, Zoraida Salazar, Aura Lucía Mera, Andrea Buenaventura Borrero, Eleonora Barberena, María Elvira Bonilla Otoya, Gloria Castro, Margarita Vidal, Carlina Toledo, Nubia Muñoz (Candidata al Premio Nobel de Medicina), Isabella Prieto Bernardi, María Victoria Barrios de Gómez, Juliana Garcés Saroli, Sylvia Patiño, Susana Correa, Alejandra Borrero, Pilar Quintana, Amparo Romero Vásquez, Orietta Lozano, María Eugenia Montoya, Anamilena Puerta, Sonia Heilbron. Fueron caleñas, a su manera, dentro de una especial inspiración, de altísima calidad humana y vocación cultural, Maritza Uribe de Urdinola, Clara Zawadsky, Fanny Mickey, Olga Lucía de Angulo. María Thereza Negreiros nació en Brasil, pero es caleña. Como Lucy Tejada, que nació en Pereira pero se le reconoce siempre como caleña.Recuerdo ahora a Nelly Domínguez Vásquez, y la veo partir a Francia, en su relato, en compañía de su nana, la negra que la cuidó toda la vida, y dos bultos de panela. ¿Por qué?, le pregunté una vez. Fue a vivir en París, después de la guerra, pero era consciente que no podía prescindir de dos amores para ella orgánicos; el afecto de su nana, y el sabor de la panela que salía de los trapiches de su padre. Aquella panela le duró todo el tiempo que vivió en Francia, y ahí amparó con su generosidad a incipientes escritores como Gabriel García Márquez y Manuel Zapata Olivella.Gustavo Álvarez Gardeazábal recordaba cómo la historia ha sido mezquina con Nelly. La citaba como una de las fundadoras de lo que se llamó después Realismo Mágico. Ella imaginó, por allá en los años 50, el amor de un capitán de barco de rueda, de esos que surcaban el Magdalena, con una manatí. De ahí surgió su novela ‘Manatí’, editada por Editorial Rivadeneyra de Madrid, en 1961, con prólogo de Francisco de Cossío. Puedo ver su emoción al mostrarme las fotos de esa, su ópera prima, exhibida en una librería de Gran Vía. Lo que llamamos ‘cultura’, está hecho también del borbotar del jugo de caña en grandes pailas, de su perfume. El género humano, especialmente las mujeres, nunca han estado por fuera de esos aromas y sabores que dan consistencia a la memoria.

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