Arte y yoga

Enero 21, 2016 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Acaba de fallecer en Cali José Jesús Krasthz, quien fuera profesor de artes plásticas del Instituto Popular de Cultura durante 29 años. Desde hacía mucho tiempo, este maestro descendiente de alemanes, investigaba las relaciones que existen entre el arte y el yoga, a través de procesos bioenergéticos.En diálogo que tuve con él, aseguraba que “la creatividad está siempre en el cuarto nivel astral…”Sin alardes, llevó a cabo su magisterio en este instituto al que también pertenecieron Enrique Buenaventura, Lucy Tejada, Bernardino Labrada, Juan Fernando Polo, Edgard Álvarez, Walter Orlando Tello, Homero Aguilar, Otilia de Walter, Mario Gordillo, entre tantos otros.Transcurrió su vida en medio de la criba por las artes plásticas en Cali, con un interés señero por las nuevas expresiones pictóricas y escultóricas. Silencioso, concentrado, no le interesaba tanto el afuera como el adentro.Muchas veces en soledad, e inmerso en una disciplina espartana, pudo auscultar el mundo pictórico; investigaba, escudriñaba en la historia hasta entender las relaciones que existen entre la plástica y el yoga, el mundo pictórico conectado a la bioenergía.Nacido en Ansermanuevo, contaba 79 años: “Me llevaron a Manizales, de brazos, y fue ahí donde me eduqué, en la Escuela de Artes de la Universidad de Caldas”, decía.Su abuelo Juan Krasthz vino a Colombia desde Prusia, contratado por el Ejército Nacional para brindar asesoría en estrategias. Fue, pues, el estratega, en tiempos de las duras pugnas entre liberales y conservadores. Aunque se le reconoció más como docente en la Escuela de Artes Plásticas del IPC, fue un pintor de rasgos muy particulares en su expresión. Decía que trabajaba “en la interpretación de los problemas del Hombre en el mundo contemporáneo. Enfoco este asunto como una metáfora…”.Por supuesto, le interesaba el dibujo, la síntesis, la armonía del color, y quería que esta fuera “expresiva, con significación”.Muchos pintores de hoy lo recordarán como el profesor de Comunicación Visual y Estética, al igual que de Historia del Arte. Impartió también su conocimiento en el Colegio Sagrado Corazón, en la Universidad de Caldas, la Católica de Manizales, y la Academia de Dibujo Profesional.Entre sus discípulos destacados recordaba a Guillermo Orozco, César Santafé, Braulio Lucumí, Rigumberg Vélez.Su obra fue reconocida en la Segunda Bienal de Coltejer. Para sustentar esta unión del yoga al arte, afirmaba: “Algunas teorías afirman que el arte tiene una fundamentación en el plano inconsciente, y que para uno sumergirse en ese abismo profundo, el yoga es un puente para llegar ahí. Así que tenemos una relación muy directa, porque la creatividad está en el cuarto nivel astral. He formado muchos grupos con jóvenes a los que les gusta el yoga, el tapping, el manejo de la bioenergía personal”.Nunca visitó Alemania, pues ya no tenía familia ahí, pero manifestaba que le despertaba gran curiosidad esa nación que tantos aportes ha hecho al pensamiento universal. Admirador de Bacon, del catalán Tapies, investigó muchísimo acerca de la teoría del color en la obra de Malevich y Nicolás de Stael. En la plástica nacional, se inclinaba por Luis Caballero y Pedro Alcántara.Ya al final de su vida, quería ayudarle a la gente con problemas de salud: “Hoy se habla de enfermedades ‘terminales’; desde la bioenergía, estos males no se reconocen. Pienso que hace falta conocimiento para curarlos…”. Este tipo de inquietudes sembraba en sus estudiantes.Quería irse en silencio, pero escribo hoy esta columna en su homenaje, para que no quede inédito el adiós de un maestro que, como otros, sembró todos los días nuevos caminos para el arte en Cali.

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