Arepa o combustible

Noviembre 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Aunque Brasil niega que el uso de tierra otro día productiva en alimentos, para la siembra de caña de azúcar, -base de la fabricación del biocarburante etanol-, sea la causa del alza en el precio de los alimentos, se sabe ya que son muchas las comunidades expuestas al hambre en este Siglo XXI, por el abandono de cultivos destinados a frutas y hortalizas.Hace ya varios años, intelectuales mexicanos denunciaron la deforestación de extensas tierras de frontera, hoy dedicadas sólo a la cría de ganado vacuno con destino a las megatiendas de hamburguesas en el norte.Una vez, detrás de un hombrecillo vestido sólo con una túnica talar y unas sandalias ya en pedazos, marcharon millones hacia el mar, en busca de sal. Fue la histórica marcha del Mahatma Gandhi para conseguir la sal, de propia mano, ante el boicot de alimentos impuesto al pueblo indio por el colonialismo inglés, con un alto precio coercitivo que los obligaba a comprarles este producto, con los métodos ilegales de los acaparadores.Ya en la Biblia se habla del precio de la dignidad humana y el valor de cambio tasado en “un plato de lentejas”, como se conoce la magnífica parábola de la multiplicación de los peces y los panes.El dilema está planteado; producir alimentos o generar combustibles, en países como Brasil y Argentina, y ahora Colombia, pioneros de estos compuestos hechos de caña de azúcar y maíz.Estados Unidos ha solicitado a los países árabes productores de petróleo el incremento de la producción del mismo, pero no ha encontrado resultados. Ellos, dentro de las políticas de la Opep, mantienen niveles normales de exportación. Lo propio hace Venezuela, mientras Norteamérica y Europa no se adaptan a la opción del etanol. El calentamiento de la tierra, esa verdad incómoda de la que habló Al Gore, es irreversible. La voracidad de las naciones ricas nunca detuvo las chimeneas de muerte, y a futuro las consecuencias serán infinitivamente más costosas para la salud del Planeta.En esta disyuntiva de azúcar o gasolina, tortilla o combustible, el espíritu latinoamericano apunta a salvaguardar la alimentación, tan golpeada por los altos precios. La ONU destinó US$1.500 millones para subsidiar alimentos en Haití, Djibouti y Liberia, naciones donde la presencia del hambre es grande. Analistas consideran que en 10 años, de seguir la actual tendencia alcista de los alimentos, se presentará una hambruna mundial generalizada, la misma que ya esparce sus efectos por una Europa sitiada por bancos y desahucios diarios a familias de escasos recursos. En Asia, después de huracanes y maremotos, desbordamiento de ríos y mortandad, muchos campos de arroz son vigilados por guardias armados. El bulto de 15 kilos de arroz de Tailandia que antes se vendía en US$11 en Estados Unidos, cuesta hoy más del doble: US$24. El motivo está a la vista, pues los campos de arroz fueron devastados y algunos proveedores guardaron grandes cantidades. Hoy, al igual que los dueños del petróleo, se dedican a la especulación.Estados Unidos, particularmente, ve con esperanza el cambio de gobierno en Washington, el 1 de enero de 2013. Están cifradas muchas opciones de cambio en su economía, en nuevas políticas frente al empleo, salud e inmigración, así como el fin definitivo de esas costosas guerras que definieron el inicio del nuevo siglo.Obama dice que ahora sí, que es el tiempo, y el pueblo le ha dado nueva oportunidad. En cuatro años, sin embargo, será difícil remontar el déficit, pagar la deuda a China y devolver a su clase obrera la fe en el futuro.

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