Arde Minnesota

Junio 13, 2013 - 12:00 a.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Las revelaciones del actor Michael Douglas ponen a discutir al mundo en torno a la inconveniencia, por razones de salud, del fellatio y el cunnilingus, prácticas que aparecen ya en antiguos papiros egipcios, grabadas también en tinta china por maestros de la lejana Catay. Son demasiado sugerentes esos gobelinos japoneses en los que, en un entramado de cuerpos, se adivinan las liturgias del sexo oral; en las culturas Calima y Tumaco son abundantes las referencias escultóricas a esa apoteosis amatoria.Pablo Picasso dibujó también con tinta y carboncillo ese mundo puesto ahora en tela de juicio por el actor de Hollywood, quien se adelantó a declarar el origen de su cáncer de garganta: no auscultó en su inveterado tabaquismo; -el alcohol también es causal del papiloma- sino que aseguró, su mal tiene origen en la práctica continua del sexo oral, algo que de inmediato ha despertado la envidia masculina universal, por conocer el huerto de la amada: Catherine Zeta-Jones.La medicina española salió al paso de las declaraciones de Douglas, con el punto de vista de un galeno como Álvaro Vives, responsable del Departamento de Infecciones de Transmisión Sexual de la Fundación Puigvert de Barcelona: “No cuadra”, dice el especialista, y agrega: “el virus necesita contacto directo para el contagio, y este no existe con la zona de la orofaringe; las infecciones deberían estar en los labios y en la lengua, no al final de la boca. No está nada claro cómo llega el virus allí. Asegurar que es a través del sexo oral, es una animalada”. Dijo además que “el sexo oral es el más seguro, en especial el cunnilingus”.Otros galenos, por el contrario, manifiestan que el virus del papiloma humano sí puede alojarse en la garganta y ser causal de cáncer. No se puede negar que las declaraciones del actor vienen a crear un cosquilleo de pánico en un mundo amenazado por el VIH y el Sida.En la Biblia se condena al onanismo, pero no explícitamente a las formas amatorias orales, como no sea desde la metáfora. Es corriente leer acerca de ‘prácticas inmundas’ o ‘bestialismo’, lo que se conoce hoy como zoofilia, o sexo con animales. El mester de amor que es el Cantar de los Cantares, tiene puntos muy altos de ese sexo de trigo limpio que igual puede adivinarse en la poesía de San Juan de la Cruz, de Santa Teresa o de Sor Juana, la monja Jerónima mexicana que nos legó una serie de poemas místicos de refinado erotismo.Pero el sexo oral aparece por igual en los cuentos de Geovanni Boccaccio, El Decamerón, en los poemas de Pietro Aretino, en los textos lúdicos de Anaïs Nin, y en esos mundos sórdidos que muestra en sus trópicos un atormentado Henry Miller.El cine erótico italiano ha hecho infinitos homenajes a esta forma de amor, así como el francés, el japonés y el chino. Fue el malogrado director Piel Paolo Pasolini, quien llevó al cine las historias de El Decamerón, otro día consejas de mercantes y prostitutas del siglo XIV.Contemporáneamente, podemos citar también el filme de Nagisa Oshima, ‘El Imperio de los sentidos’, donde se rinde culto a la menstruofilia.Beso francés o chino, el cunnilingus no discrimina culturas; entre comunidades bárbaras, se practica todavía la ablación, por la conciencia que existe acerca del clítoris como portador de la alegría y del furor uterino.El escritor Federico Andahazi es quien de manera más abundante y festiva, se dedica a ilustrar una historia, ‘El anatomista’, cuyo tejido atañe exclusivamente a esa flor secreta del cuerpo femenino.La discusión está abierta, y no es sólo un asunto de médicos o de representantes de la Academia de la Lengua ante los Países Bajos. Quizá el veneno esté en otra parte.

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