Adiós al mundo cortés

Adiós al mundo cortés

Noviembre 22, 2017 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Del mundo de la ilustración y las formas civilizadas que adoptó la vida burguesa, muchos pueblos del mundo heredaron tratos sociales que trascendieron las condiciones proletarias, para ser dogma y estereotipo en la tradición y la memoria cultural.

Así, cualquier hijo de vecino pasó a ser ‘caballero’ y Aldonza Lorenzo, Dulcinea del Toboso, ‘dama’. De alguna manera, este trato hijo de las costumbres cortesanas, ‘niveló’ las clases sociales. En cualquier quilombo de pueblo perdido en la geografía de Colombia, es posible encontrar un pequeño café o bar, donde la denominación de los baños continúa incólume: damas y caballeros. Así también en el Caribe, en Cuba, particularmente, donde el mejor trato que puede recibir un varón, de casta o no, es ‘caballero’. De esta manera, sea gallego, bantú, yoruba o siboney, tenga dinga o mandinga, el que llega a un hotel o solicita un servicio, puede sentir que es un hijodalgo o por lo menos en camino de ganar ese título hoy tan callejero.

En su bellísimo libro ‘Tres Tristes Tigres’, Guillermo Cabrera Infante recordaba cómo era saludada la noche del Cabaret Tropicana, cuando ahí convergía Míster Campbell, el de la sopas, junto al sultán de Brunei; Farouk, el último faraón, Marlon Brando, Ava Gardner, Porfirio Rubirosa, Ramfis Trujillo. Claro, el saludo del presentador engallado en un smoking azul de lentejuelas, era el clásico ‘ladies and gentlemen’ –damas y caballeros- para dar inicio a la noche con la nota de ‘Cachita’; mira que se rompen ya de gusto las maracas, y el de los timbales ya se pone alborotá, se divierte hasta el francés, y también el alemán, se divierte el irlandés y hasta el musulmán… La canción reconocía que “pa’la rumba no hay fronteras”.

Cachita es también el nombre cariñoso que recibe la Virgen de La Caridad del Cobre, patrona de Cuba.

El metro de Nueva York acaba de aprobar una medida según la cual desaparecerán los rótulos de ‘damas y caballeros’ en las estaciones, y también en los mensajes grabados que invitan a no bloquear las puertas y realizar de manera adecuada los abordajes. Ahora se dirá sencillamente ‘pasajeros’ o ‘todo el mundo a bordo’, lo cual se entiende en esta ciudad que es suma planetaria de razas y culturas. No obstante, la ciudad da un paso quizá tardío para abolir una de las formas de trato social más extendidas en el planeta, desde el siglo XVIII.

La modernidad olvidó y dejó en el pasado estos rituales educados para dar paso a unas formas de relación que son hoy más casuales, impersonales, directas y, muchas veces, vulgares. Entre nosotros, también en el género femenino, es común escuchar que todo el mundo se trata de ‘marica’. En Antioquia un saludo normal puede ser ‘¡Quiubo h.p.!’. Más recientemente, y entre varones, se estila un trato heredado de las barriadas latinas de Estados Unidos: ‘Hola papi…’

Sin embargo, en la base popular y quizá por la educación sentimental que pueden proveer los boleros, la música ‘cortavenas’, y la mala poesía romántica, se mantienen algunas expresiones cortesanas. En los almacenes de cadena y a través de los mensajes de vendedoras (res) vía telefónica, sobreviven las ‘damas’ y también los caballeros. Por lo menos más aceptable este saludo que el ya manido ‘mi amor’.

En ese mundo cordial del pasado fue que se le dio título dinástico a Cali, cual si fuera una hurí. Se le llamó ‘sultana’, y a Buga ‘señora’; un trato menor no se le podía conferir a estas ciudades. Buga, claro, siempre tuvo aspecto de señora casada y respetable. Palmira fue un antiguo pueblo en el desierto de Siria, cuyo nombre en arameo traduce “ciudad de los árboles de dátil”, pero en la imaginación de nuestros poetas, esto de Palmira quizá tenía que ver con ‘cocoteros’ y se le llamó ‘Villa de las Palmas’.

Estamos en camino de revisar esos títulos y preguntar por qué el Otún, un río que no ha dado una sola perla, le dio nombre a Pereira, título que sí le cabe a Tumaco: La Perla del Pacífico.

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